domingo, 12 de marzo de 2023

EN UN AÑO , NUEVE MESES Y VENTI SEIS DIAS CAPITULO 6

         Capítulo 6
     No habrá marcha atrás 

La mañana despunta mientras las primeras luces del alba lo despiertan. Siente que el sol cubre su rostro y se da vuelta, tratando de ocultarse debajo de las sabanas. Irritado por  el fuerte destello.
Son las nueve. Aun así, procura dormir mas, cuando siente el roce inconfundible de sus dedos derramarse sobre su piel, como un hormigueo que de a poco lo va estremeciendo. Se posan en su boca y siente como si sus manos besaran sus labios. Sus caricias lo despiertan  cuando sus miradas se encuentran. Hubiera querido no despertar en ese momento y saber que solo fue un sueño, y morir en él ante el miedo de saber que hubiera sido tan solo eso un sueño más, que cada mañana borraba todas las esperanzas que un día había imaginado y que por un instante le hacía pensar que fuera real.
¿Cómo puede ser que estés conmigo? si mis sueños juegan siempre cruelmente conmigo.
Pedro comprendía en sus ojos lo que las palabras enmudecían. 

_ ¿Dormiste bien? _ apenas podía oír el hilo de su voz cuando él le hablo.  Le parecía oírlo tan dulce que lo llevaba a un recuerdo, a una promesa jamás cumplida. Tan perfecto que había sido,  sin nadie alrededor que pudiera romper el silencio que había entre los dos.
Las imágenes cobraban fuerza cuando lo sentía detrás suyo susurrando a su oído una invitación poco importante.
No podía haber sido un sueño. Si con sus labios, en ese momento pasado, lo hubiera besado, habría sabido miel en su boca. 

_ ¿Qué estoy haciendo acá? -  Le preguntó, incorporándose sobre el sofá.

_ Eso no importa.

 _ Quiero saber cómo llegue acá - insistió con un dejo en el que se alcanza a percibir su enojo. 
Había recibido sus palabras como si un golpe mortal  hubiera estallado en su pecho. Ni siquiera lo había mirado a los ojos. No esperaba que su respuesta hubiera sido tan seca después de esa noche. ¿Cómo había podido borrar todo de su mente?

_ No tenías porque contestarme así- contesto dolido, cruzándose de brazos.
_ Lo siento - Se disculpó al ver la tristeza que comenzaba a reflejar en sus ojos.

No se reconocía así mismo. ¿Acaso había perdido todo su orgullo? Nunca se había disculpado con nadie,  ni mucho menos consideraba que debía dar marcha atrás a lo que siempre decía. Defendía con firmeza sus ideas con quien osara contradecirlo. Discutir con él, era lo mismo que enfrentarse a un tribunal,  en un juicio que ya podía darse por perdido.
 ¿Quién era este, ahora,  para venir a desbancarlo?
_Me comporto así con todo el mundo, es mi forma de ser. Y no se - se interrumpió a sí mismo al verse confeso-. ¿Que tengo que estar dándote explicaciones a vos?
Pedro optó por no contestarle. Más bien prefería ese espacio de silencio que Guillermo había dejado para pensar cómo hacerlo irritar más. Porque era precisamente ese mal genio el que lo había enamorado, el que más disfrutaba. Como si se tratara de un éxtasis imposible de resistir. 
_ Vos  y Malvarez ...? _ lo evadió,  cuando había notado claramente su intención.
_ Soy su sobrino _  se apresuró a contestar. 
Por un segundo  había llegado a pensar que podía haberse tratado de Pedro, pero su pregunta le había bastado para derrumbar nuevamente todas sus ilusiones. Era lógico. Y debía aceptar que Pedro estaba muerto y nada podía hacer. Julián sólo se le parecía de una forma tan perfecta.

Bajó la vista y tanteó su cuerpo. Comprobar que estaba desnudo debajo de las sabanas y delante de un extraño, era razón suficiente para desaparecer y hacer como si nunca hubiera existido.
Dio un hondo respiro, al mismo tiempo que su corazón parecía que fuera a desbocarse dentro. Lo sentía acelerarse como una carrera de autos que se dirigía a mil por horas.

_ ¿Me explicás que hago acá en tu casa … y sin ropa?
Si había una oportunidad para hacerlo enfurecer, ese era el momento perfecto.
Se llamó a silencio nuevamente y solo le emitió una traviesa sonrisa.

_ Esto no es gracioso Malvarez o como te llames.
_ Julián _ Aclaró sus dudas.
 _Y si uso el apellido de mi tío es por mi madre. Ella es madre soltera, pero eso no tiene nada que ver con tu pregunta.

_ Quiero saber cómo llegué acá y porque tengo que estar tapado con esta sabana.

Guardaron silencio.
Pedro se inclinó de rodillas frente a él. No sabía que decirle. Atrapado por la sensación que le causaba tenerlo de esa manera, debajo de las sabanas. Asomó la punta de su lengua dejando que se derramara por su boca ante el solo hecho de imaginar que lo desnudaba con solo mirarlo. Provocaba él mismo efecto en Guillermo. Se deshacían de caricias, se besaban sin ningún movimiento de sus labios, se hacían el amor con solo un gesto de sus miradas.
Guillermo comenzaba a sentir que la situación lo desbordaba, como si lo hubiera vuelto prisionero de sus propios instintos carnales.
¿Cómo podía tener tanto poder sobre él?  ¿Por qué no? pensó por un instante Pedro. Si, habría sido capaz de hacerlo preso de mi propio cuerpo, ¿por qué no podría haberlo tomarlo bajo mis reglas si todo mi ser me gritaba que lo hiciera? Te habría hecho mío para siempre.
Vaciló de nuevo en su respuesta, cuando Guillermo le dijo antes que el deseo los consumara una vez más :
_  ¿Me vas a decir o no como llegué a tu casa?
Si esperaba que su respuesta fuera afirmativa, estaba equivocado. 
_  ¿De verdad querés saber lo que hicimos anoche?

_ ¿Hicimos? - le inquirió, desconcertado. 

_ No me hagas caso - poniéndose de pie - Ahora no es el momento para hablar  de eso. Voy a traerte algo para que te vistas.
Se había ido pero aun sentía su presencia. Se preguntaba si era así con todas las personas, como si dejara una huella cada vez que se iba. Si era así con todos los hombres. ¿Pero como podía saber acaso que el sobrino de Santiago inclinara sus sentimientos hacia los de su mismo sexo?
No podía evitar imaginar que era capaz de seducir a todos los hombres. El solo pensarlo le provocaba los celos más terribles que jamás había sentido antes.
¿Por qué le importaba tanto si apenas lo conocía? Era el segundo encuentro y todo se cubría de misterio, como la primera vez que lo había visto.
Al cabo de unos segundos lo veía regresar con unas prendas en sus manos

  _ Te traje ropa seca para que te cambies - colocándolas en el sofá.

_  Te agradezco _ le contestó tomando las prendas de vestir

 _ Disculpame de nuevo por cómo te hablé - se excusó mientras trataba de cambiarse entre las sabanas. Mas que una disculpa había sido una excusa para fingir los nervios que estaba sintiendo recorrer  todo su cuerpo, como una chispa electrizante-.Tuve un año difícil - continuó
_  No tenés que...
_ De verdad, y para ser un desconocido resultaste ser una buena esposa.
_ Si Eugenia te escuchara diría que sos un hombre con mucho ego en tus pelotas.

_  ¡Huu…! Qué bravito resultaste. Supongo que Eugenia es tu novia - sacudió las sábanas, molesto ante los celos que le provocó su respuesta.
 
_ No pensé que te ibas a poner celoso - le dijo en un dejo seductor acercándose a él.

_ ¿Cómo voy a esta celoso de un desconocido?

_  Tan desconocido no. 

_  ¿A donde querés llegar conmigo?

_ A nada. Si quisiera entender porque te ponés a la defensiva conmigo.

_ La situación esta me pone así. Que estés así tan cerca mío me pone muy nervioso.

Se volvió más hacia a él haciendo que todo su cuerpo temblara mientras le hablaba a sus labios.

_ No tenés que ponerte nervioso conmigo. No te voy a lastimar. Podés confiar en mí - enlazó sus manos a la suyas al decir esas palabras. Como si buscara recordar en su mente la primera vez que abrazó sus manos, ahogado por las lágrimas de un dolor que lo consumaba.
Guillermo leía sus ojos buscando la respuesta a sus palabras, dichas en silencio. Se le hacía imposible y tan difícil tenerlo así, tan cerca. Respirando el mismo aliento de su boca y saber que debía contener sus deseos de besarlo. Se estremeció una vez más, como si una corriente electrizante se descargara sobre él.
_ Quiero besarte - le susurró a sus labios
_ Tengo que irme - lo evadió retrocediendo sus pasos. 
_ Lo siento, discúlpame.
No le devolvió su disculpa. En cambio, se dio vuelta y le inquirio:
_ ¿ Por qué haces esto? ¿ Por qué tu afán de querer seducirme?

_ Porque me gustaste. Cuando te vi en la exposición no pude evitar sentirme atraído por vos rápidamente. 
Además, mi tío me habló mucho de vos y te describió con tanto detalle que casi sentí que podía enamorarme de vos. Pero no te conozco en verdad, entonces quise ayudarte cuando Octavio me conto tu situacion. Sería como una manera de poder acercarnos para conocernos.

Guillermo lo miraba y se le hacia imposible poder decirle algo. Lo veía y era como si Pedro hubiera vuelto a el. Lo volvía a tener en sus brazos y esa sensación de esperanza y de paz le inundaba el alma.
Se acercó a el y rodeó sus manos a su cintura, dejando que su boca sellaran sus labios. Podía sentir su carne y el sabor tan familiar le hacia un cosquilleo dentro.
Pedro se apartó.
_ ¿Y eso que significa? _  le inquirió , sofocado en su respiración por el beso

_ Nada _ contestó con una voz serena. 
_ Un beso no puede ser nada. Me besaste.

_  No se porque lo hice pero se que gracias a vos me di cuenta de muchas cosas.
_ ¿Puedo saber que fue?
_ No, no por ahora precioso - le dijo llevando su mano a su mejilla.
Le supieron a esperanza sus palabras mientras lo veía irse.
Se recostó sobre el sofá, pensando en él y en esa noche tan perfecta, cuando la llamada de Octavio lo despertó su aletargamiento. 

_ Hola Octavio _ respondió sin ganas. ¿Por qué se le había ocurrido llamarlo justo en ese momento? Se fastidió en sus pensamientos.

_No te oigo bien. ¿Te sentís bien?
_Si, no es nada. _ Suspiró-.  No te preocupes. ¿Para qué me llamabas?

_Hablé con el secretario del fiscal. Lo tenemos amigo. Dijo que iba a tratar de concertar una cita hoy por lo de Camila. Pero antes que me digas algo, dejame que vaya yo personalmente. Vos ocupate de lo tuyo.

_¿De qué querés que me ocupe? Si no tengo nada para hacer.  Desde que llegué a Buenos Aires me estoy volviendo loco 

_Te entiendo, pero me refería a tu identidad secreta – le dijo en un dejo cómplice y esbozando una sonrisa en su rostro.

_ Julián. Sería más fácil poder convertirme en él para siempre y olvidarme de todo, de mi pasado; de esta venganza
_¿Vos estás seguro de lo que estás haciendo? – Le preguntó preocupado.
_ Si te soy sincero amigo, no. Esto no me hace feliz, pero no pudo estar en paz sabiendo que ese tipo está suelto,  mientras yo estoy acá con el padre de Camila encima de mis hombros. No aguanto más esta mochila pesada - se lamentó, abrumado por la situación en que se encontraba.

_¿YCamila?


_ Eso es precisamente lo que me ata a continuar. No puedo sacármela de la cabeza, ni a ella ni a Guillermo.  

 _ ¿Hay algo que no me hayas contado?

 _No quiero hablar de eso ahora. Yo te llamo después y hablamos. Adiós - se despidió cortante y en tono tan seco y rápido que apenas había escuchado la voz de su amigo devolviendo la respuesta.

Ese día  el estudio abría mas tarde de lo habitual. Por ocurrencia de Marcos, que había decidido, ante la ausencia de Guillermo, preparar sus vacaciones sin tener que dar explicaciones a su amigo de lo que haría. No porque a Guillermo le importara lo que hiciera con su vida, sino mas bien por la desorganización, la pérdida de dinero y tener que soportar las quejas de los clientes al ver que sus casos no llegaban ni a la primera hoja del expediente.
 Ahora que estaba solo era diferente. Se sentía libre, dueño y señor del estudio y le parecía una buena estrategia que la firma permaneciera cerrada las primeras horas de la mañana.
 De esa manera cualquier cliente pensaría que el estudio estaría cerrado hasta nuevo aviso. Ya consideraba la idea de cerrarlo temporalmente, si ello atentaba con sus planes de descanso.
En lo único que pensaba era imaginarse en una playa, recostado con los pies en la arena, bronceado, y observando la fila de chicas de veinte años en bikini. Lejos de la voz de Isabel diciéndole lo que tenía que hacer u ordenándole que hiciera los quehaceres de la casa, mientras ella leía una revista plácidamente en el sofá o se iba con sus amigas a correr al parque.
Por esa razón, quería evitar encontrarse con cualquier cliente que le trajera un quilombo. Eso incluía a Materazzi que ya le resultaba un dolor de cabeza.  Ir unas horas después y ocuparse de los casos que quedaban le llevaría menos stress. 
Gabriela no estaba de acuerdo y le indignaba la actitud que estaba teniendo Marcos. Abusando del poder que tenía, siendo que era el dueño y uno de los socios principales del estudio. Esta situación motivaba discusiones contantes entre los dos.
_ Es una locura. No podés decidir por nosotros - le reprochó Gaby -,Te vas de vacaciones y querés dejarnos a mí y a Santiago todos tus quilombos -continuó, dando vueltas en la dirección en la que él se encontraba 
_ Yo tengo todo el derecho a descansar. ¿Qué querés que haga? ¿Qué lo resucite a Pedro para que te ayude?
Gabriela no contestó, respondiéndole tan solo con un gesto de indignación, boquiabierta y con los ojos desorbitados. ¿Cómo podía ser tan cínico de nombrar a su amigo de la manera que lo había hecho  para justificarse?
Tomó aire para recuperar la calma. Si analizaba bien la situación no podía reprocharle su contestación, sabiendo que Pedro estaba vivo. Pero eso  no quitaba para  nada  su cinismo.

_ Yo no me voy hacer cargo de tus responsabilidades. Y vamos a perder clientes así. 
_ ¡Pero mírala a la hipócrita! _ le apuntó con el dedo. Vivís llenándome la oreja que no te interesa ganar guita. Con ese casamiento de mierda que estás haciendo,  no te importa vender a tu madre, la vas hacer morir de hambre 
_ Pero... ¿qué sabés? no tenés idea de nada. Yo solo te recuerdo que este estudio es de todos y esto no se va a quedar así _ le advirtió tomando el teléfono -. Guillermo se va a enterar de esto.
Guillermo  no viene acá - le contestó en un aire de altanería. _ ¡Y dame eso! _ le ordenó, sacándole el teléfono con violencia.
_ ¡ Sos un Bruto! Guillermo va a volver. Ahora porque está ocupado con sus planes con José.
_ ¿¡¡ Y eso que tiene que ver!! ? _ Haciendo ademán con sus manos.
_Te voy a decir algo_ le advirtió ella.
_¡No terminé Gabriela!_ la interrumpió volviéndose a ella con fiereza-, Yo no voy a renunciar a mi vacaciones por nadie, y a mi Guillermo no me manda. Y si él no está, él que pone lo puntos sobre la mesa ... ¡¡soy yo !! _
- golpeando con un puño la mesa. _Y si quiero cerrar el estudio lo cierro.
_¿Terminaste?  Porque te voy a decir algo, dueño y señor. Te repito, acá dueños somos todos. ¿Y si Guillermo se casara con José? Si eso fuera asi él también tendria que tener derechos. Así como Isabel los tiene.
_ ¡¡En las pelotas Soria!! Y te aclaro que Isabel no tiene ningún derecho tampoco - continuó, siguiéndola hasta el despacho de Guillermo 
_ La plata mía la toco yo _ siguió,  cuando ella se detuvo en la puerta 
_ y el patrimonio que tengo en el banco es para mi hija. ¡Acá los cónyuges no tienen parte ni voz! Espero que te quede claro defensora de pobres. Y esta va  para Antonio si piensa que va a tocar la plata, no va a tocar ni un peso.
 _ ¿Qué lo metés a Antonio? ¡Y a mí me dejás de levantar la voz! Y sos un desagradecido después de lo que José hizo por nosotros. 
_Ya me tenés las pelotas llenas con esa frase.
Marcos entro al estudio - ¡Un año escuchándote con esa frase!
_No voy a seguir discutiendo con vos. Ni en el despacho puedo estar tranquila _ le contestó saliendo de allí
 _Me voy a la cocina a tomar un café para sacarme la bronca.

De esa discusión con Gabriela
 había pasado una semana. Después de eso no volvieron hablarse a menos que se tratara de trabajo.
Para fortuna de él, ese día su socia se encontraba fuera. Lo que menos tenía era energía para discutir con ella. Porque si había algo que no podían evitar esos dos eran pelearse. Tal vez era la única forma en que se entendían. Hasta que llegara el día en que uno de los dos ganara la pulseada.


Llamaron a la puerta, cuando Lagrápoulos hizo un gesto a su secretaria para que atendiera.
Cuando Cuca había abierto, unos hombres vestidos en traje negro, se presentaron frente a ella. Uno de ellos que era muy alto y de cuerpo macizo la miró por encima de el sin mover ni un de los músculos de su rostro. Y en un gesto temible que se inyectaban en un grandes y oscuros ojos que a Cuca la hizo temblar de cuerpo entero.

_ Si, diganme que necesitan - les dijo tratando de mantener una sonrisa que ocultaba su miedo.

_ Venimos a ver al señor Marcos Lagrapoulos. Es por un asunto de negocios.

_ ¿ Negocios? Pero acá no se hacen negocios. Es un estudio de abogados. Se habrán equivocado de dirección.

_ Señora, dejenos pasar. Se lo digo por su bien.
El tipo llevo una mano y abrió su campera de cuero negro extrayendo un arma calibre 32.
La miró fijamente manteniendo el arma de costado sobre la palma de su mano.

Cuca se apartó pero aún se resistía  a dejarlos entrar. Echo la vista hacia un costado pero Marcos no estaba; De seguro se encontraba en la cocina preparándose un café.

_ ¿ En dónde está el griego?

_ Ya le dije que acá no hacemos negocios. Retirese por favor.

_ Oime vieja de mierda- le apuntó con el arma-, nos vas a tener que dejar pasar o te vuelo la cabeza de un tiro.

_ No, no los voy a dejar pasar. ¡Este es el estudio de mi sobrino! y si me tienen que pegar un tiro para defender su lugar de trabajo, ¡¡háganlo !!
_ Vieja de mierds - espeto el tipo y la empujó con toda su fuerza.La brusquedad con que lo había hecho hizo a Cuca perder el equilibrio, cayendo de espaldas sobre la mesa. Cuca se sostuvo del borde del escritorio para tratar de amortiguar la caida.
Marcos llegó en ese momento con una taza de café. Dejo la taza en el escritorio al observar el episodio que se presentaba allí frente a sus ojos.
_ ¿ Está bien Cuca? - inquirió al acercarse a ella para ayudarla a levantarse.
_ Si miamor, estoy bien - le contestó, sosteniéndose de él.

_ Terminemos con esto señores - lo interpeló uno de los hombres a Marcos
_ ¿Qué mierda pasa acá? ¿ A qué vinieron? Les dije que el asunto de la guita lo íbamos hablar en un bar

Cuca observaba la escena mirando de un lado a otro. No comprendía nada de lo que estaba pasando. ¿Cómo podía ser que Marcos conociera a esos hombres tan agresivos? La situación la paralizó por completo.  Como deseaba con ansias que su sobrino irrumpiera allí y la rescatara de la pesadilla que venía avecinarse sobre Marcos y ella. 

_ No vinimos a perder el tiempo Lagrápoulos _ le advirtió el segundo-. Queremos la devolución del dinero que le prestamo ahora mismo. Si seguimos dándole lata al asunto   lo único que vamos a conseguir es  que nos meta el perro.

_ Habían acordado darme más tiempo.

Marcos trataba de controlar la calma pero sabía perfectamente que con esos hombres no se jugaba. Por una deuda, la más mínima que fuera, eran capaces de volar un edificio entero con niños adentro.
_ ¡No me venga con estupideces Lagrápoulos! ¿Usted cree que estamos jugando?
_ ¿ Por qué no se calman? _ intervino Cuca-. ¿Quieren que les traiga un café?
_ ¡Qué café!_ exclamó indignado Marcos.  Estos no merecen ni una mierda.
Viendo que la situación se salía de control, Cuca lo apartó a Marcos

_ Yo creo que es mejor que le demos algo, así se calman.
Cuca trataba de convencerlo, temiendo que esos dos fueran capaz de matarlos sin ninguna piedad. 

_ ¡Acá no se le da ni café al vecino ! _ le aclaro él, bajando la voz. Además  estos no se van a calmar ni con un vaso de agua.

_ ¿Y Lagrápoulos? ¿Va a devolvernos el dinero o va a seguir perdiendo el tiempo con su madre?

_ Ella no es mi madre, es mi secretaria. 
No tengo el dinero ahora _ continuó en un aire de orgullo. No sentía miedo de lo que fueran capaces de hacerle

_ Le vamos a dar un mes _ le advirtió. A esas alturas ya habían controlado la furia que los había colmado. 
_Si no cumple con lo pactado, no veremos en la obligación de que nos entregue el estudio como parte de pago, según lo que acordado.

_ ¡¡Ustedes son unos hijos de puta!! ¿ Como les voy a entregsr mi estudio? Son años de sacrificio.

_ Fue lo que acordó cuando puso su firma en el documento. Debería haberlo pensado antes; y eso incluye a su familia.
_ Ni siquiera saben donde vivo. Y mi familia no la metan en esto.
_ No nos tome por estúpidos. Sabemos perfectamente donde vive y todo los movimientos de su esposa y de su hija.

Cuando se habían ido Lagrápoulos cayó sobre el sofá. Aun no podía entender el huracán que podía avecinarse sobre su cabeza si no entregaba esa plata. 
"En un mes, en un mes...” se repetía a sí mismo agarrándose la cabeza.
Cuca solo lo miraba y no dejaba de llorar, aterrada por lo que pudiera sucederle a él y a su familia.
_ ¿Qué hiciste Marcos? Estos tipos te van a matar corazón.
_ Hipotequé el estudio. Teníamos que pagar las deudas. ¿Qué mierda podía hacer? Guillermo me va a matar. ¡Me va a matar! _ exclamó de nuevo, dando un brinco del sillón. 
_Traicioné a un amigo _ se lamentaba, dando vueltas por el estudio. A mi socio y por estos hijos de puta.
_ Voy a traerte un té de tilo para calmarte esos nervios.
_ ¿¡ Para que mierda quiero un te !? ¿¡Ahora de donde carajo saco esa plata!?

 _ ¡¡Ya lo decía yo!! - La voz de su esposa se hizo sentir por todo el rincón del estudio, como si hubiera estallado la misma Hiroshima. Isabel había alcanzado a oír sus palabras. Solange, que conocía a su madre claramente cuando se enojaba, se fue hacia a la cocina para refugiarse de la hecatombe que estaba a punto de armarle a su padre.
En efecto, dicho y hecho. Isabel lo enfrentó cuando se abalanzó sobre él  y le arrancó los lentes, arrojándolos bien lejos.
_¿Que eso que Guillermo te va a matar? _ le gritó en un chillido molesto a sus oídos.
_ Primero, no vengas a gritar como una tarada al estudio _ le replicó, fingiendo seguridad de sí mismo-. Yo te puedo explicar- bajó el tono de su voz, sumiso.

_¿Qué vas explicar? _ golpeándole el brazo. 

_ Mirá Marcos, si yo me llego a enterar que pusiste las manos en el patrimonio de la nena para tus jueguitos turbios,  te lo advierto ...¡¡ te las corto!!.
_ Te estás pasando...
_ Ya dije ¡¡ te las corto!!
_ ¿ A qué viniste? 
_ A traer a la nena ¿ para qué va a ser? Y ahora voy a la cocina a dejar estos tapers y después me vas a explicar porque Guillermo te va a matar.
_ No es nada Isabel. Es por una causa importante que maneje mal y vos sabes como es Guillermo de iracundo. Se enoja por todo.
_ Por nada no.
Miró hacia la tía de Guillermo y le dijo:  Decime Cuca, la chiquita está, amiga de Gaby, se encuentra acá. Porque aprovecha cualquier ocasion y le come la comida a la nena.
_ No, no está. Esta en la Facultad.
_ Ha mira vos ¿ y qué está estudiando, como acomodarse la bombacha después de un coito? inquirió, soltando una carcajada.
_ Deja de decirle eso. Sonia está tratando de cambiar su rumbo. Es una chica con problemas y ahora quiere mejorar su futuro.

_ Vos te callas la boca. Y me vas a explicar lo de Guillermo y una que me entero Marcos... 
Hizo una pausa y luego le hizo un gesto de tijeras y apuntó hacia su miembro.

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 Gabriela estaba completamente concentrada en los últimos preparativos de su boda. Dispuesta a no perder cada detalle que faltaba para terminar. Solo restaban dos semanas y su casamiento con Antonio sería un hecho.
Cuando Antonio la había llevado a  Le Meurice, el asistente personal del dueño había sido el encargado de atenderlos. Era habitual que fuera él y no su jefe el que recibiera a sus clientes, dado el carácter reacio que solía tener siempre con las personas. Se caracterizaba por ser un hombre desconfiado y muy malhumorado que no perdía ocasión para descargarlo con sus empleados.
Tratar con clientes era pérdida de tiempo para Colín Abaddie que consideraba que su lugar debía estar en la cocina, supervisando como un cancerbero el trabajo de sus subordinados, como él  llamaba a sus empleados.
Ninguna mosca volaba en torno de ellos cuando el jefe iba de una cocina a otra, en un silencio incómodo y expectante que ninguno de los jóvenes, en esos momentos de torturase atrevía siquiera a respirar. Mas concentrados en no perder detalle de ningún ingrediente, porque ante el mínimo error  Abbadie avanzaba hacia ellos con mano de hierro; Esto implicaba echarlos sin ninguna contemplación de pago por sus horas de trabajo.
La única que se atrevía a enfrentarlo era Paz que no soportaba los abusos de poder que echaba sobre sus compañeros: como tenerlos largas horas trabajando y recibir al mes un mínimo porcentaje de su sueldo o que se les prohibiera recibir propinas de los clientes. Sumado al maltrato constante que recibían.
Hasta ahora su valentía no le había causado problemas. Ella tenía la palabra justa para poner frente a su cara toda sus verdades. Era una líder nata. Lo único que había logrado hasta entonces fue que recibieran el porcentaje de sueldos que les correspondía y así como tener sus francos o que pudieran faltar en caso de estar enfermos.
Parecía tener dominado a su jefe pero era todo lo contrario. Lo que menos buscaba Paz era imponerse sobre él. Varias veces había amenazado con renunciar sabiendo que todos sus colegas irían detrás de ella. Y era precisamente ello lo que tanto temía  Abbadie.
Paz tenía el talento que se necesitaba para atraer clientes sin tener que recurrir a ninguna estrategia de marketing. Sabía hacia donde quería llegar con solo proponérselo sin ningún deseo de recibir nada a cambio. Solo lograr que el restaurante siguiera creciendo como lo había hecho hasta ahora.
Aprovechándose de ello ,su jefe le había dado la oportunidad de montar un espectáculo, una especie de programa de cocina frente a los clientes que llegaban buscando captar su atención, viendo como ella preparaba esa delicias que ellos degustaban. De esa manera era él, el que lograba siempre retenerla para seguir enriqueciéndose a costa de su talento.
_ Me imagino que desean lo mejor de la casa, como se dice _ contestó riendo en un acto de romper el hielo. Se notaba nervioso. Por más que su jefe le tuviera toda la confianza, no podía evitar sentir miedo si llegara a equivocarse a la hora de satisfacer a un cliente.

_ Si ya sé que quiere decirnos _ le hizo saber Gaby-, pero a mí me gustaría que todo fuera más sencillo. ¿Vos que decís Anto? - inquirió  volviendo su mirada hacia su prometido.
Su novio ni la había escuchado. Mas con la vista suspendida en el techo, tedioso de tener que escucharlos.

_ Antonio te estoy hablando - insistió ella.

_¿He? _ expresó con semblante desconcertado-.  Perdón, no te escuché Gabriela.

_ Hablábamos  de la comida. Me insististe durante meses con eso y ahora que estamos acá ni me contestás.
_ Si necesitan hablarlo yo les dejo acá unos folletos - alcanzándoselos -, y luego me dicen que decidieron.
 _ No, por mi está bien. Me da lo mismo el banquete-, contestó Antonio, indiferente y con los brazos cruzados.
_ Mejor los dejo solos- insistió el hombre y se dirigió hacia la puerta que conducía a la cocina.

 _ No  entiendo que te pasa.
_ ¿A mí? Te recuerdo que  fuiste vos la que me buscó en Chascomus y cuando te deje libre volviste con el caballo cansado convenciendome para que volveremos. Y acá estamos.

_ A eso voy - le contestó.
 Le estoy poniendo toda la energía a nuestros planes. Yo se que todo el año que pasó  descuidé nuestra relación, por eso nos peleamos, y vos te fuiste - continuó, moviendo sus manos 
_A ver, no me pasa nada Gabriela.  ¿O vos nomás podes darle vuelta al asunto de nuestro casamiento? Fui yo el que te propuso dos años atrás que nos casáramos, no vos mamita.  ¿pero vos que hiciste? Estuviste un año corriendo atrás del nabo de Alberto.
 _ Si vas a empezar de nuevo con Alberto me levanto y me voy.
_ No _ se retractó, sintiéndose culpable. Se daba cuenta que ella no tenía culpa alguna. La verdad de su molestia no era Marini,  sino lo que estaba sintiendo por Paz 
_  Discúlpame. Soy yo en verdad el problema,  ando nervioso y me la agarro con vos.

 _ ¿Y bien chicos? ¿Se decidieron? - preguntó el asistente que volvía de la cocina.
 _ Espere - le pidió Gaby
Ella observaba con suma atención los distintos modelos de platos dulces y salados, tratando de captar la atención de Antonio.
Lo que para ella era la seguridad más grande,  para él se asemejaba a un presidio en el que esperaba pronto a ser condenado a la horca. Miraba hacia todo los rincones, en cada puerta esperando que el Pa de apareciera. Nada tenía más importancia en ese momento que ella
No podía , por más que intentara, poder borrarla de su mente. La inmensidad del amor que sentía por ella obraba con más fuerza en sus sentimientos y en su corazón.
Había hecho todos los esfuerzos posibles para olvidarla.Tomar otro camino, sabiendo que el restaurante quedaba solo a unos pasos de su trabajo, para evitar la tentación de entrar a Le Meurice y  encontrarse con ella. De pedir a Mark una carga horaria más de lo normal para ocupar su mente en el trabajo. Hasta esperar que la noche llegara y buscar a Gaby en su cama,  para borrar en su cuerpo toda la pasión que deseaba entregarle a quien ya consideraba el amor de su vida. Pero cada noche se hacía más imposible. Cada gemido de ella, acompasado al placer que él le daba,  era el sonido de su voz, de la mujer que amaba, y no el de Gaby el que oía. Y eran sus manos las que imaginaba sentir derramarse en su cuerpo.

_ Déjeme terminar de decirme y yo después le digo _ contestó Gaby.

_ Por mi no hay ningún problema. Es más, puede llevarse el catalogo. No es la primera vez.  Casi a todas las parejas que vienen les cuesta decidirse por qué banquete quieren.

Se fueron de allí y cada uno siguió por su camino. Gaby al estudio y Anto, como Mark  había decidido darle franco por las dos semanas que quedaban para su boda,  se fue rumbo hacia su casa.
Lo que menos esperaba Antonio al llegar era encontrarse con alguien a quien menos esperaba. Si algo le faltaba a la torta de boda, era la frutilla del postre. La señora Manero había llegado y no por unos días, sino para quedarse hasta después del casamiento de su hijo. Con suerte, si cobraba una cuantiosa fortuna que había ganado en el casino, en un juego de póker, se mudaría muy cerca de Antonio y de su querida nuera que tanto apreciaba.
 _¡Mamá! _ exclamó estupefacto, cerrando a la puerta. Se acercó a ella mientras la veía desempacar sus maletas. Lo que menos necesitaba a días de su casamiento, era una riña entre su futura esposa y su madre.
 _ ¿Qué haces acá vieja? - inquirió, dejando la llave sobre la mesita de luz.
 _ ¿Cómo que hago? ¿Te vas a casar con esa chica y pretendés que tu madre no asista a tu casamiento? ¿Y hace falta que me tenga que tenga que enterar por Aida de tu boda?  Porque si es por tu novia, dejame decirte, ni me enteraba.
 _ ¿Qué tiene que ver Aida? - le cuestionó, yéndose hacia la cocina para prepararse unos mates.
 _ A mí no me hablás así _ le dijo ella, siguiéndolo. 
_ ¿Y qué es eso del boludito que me dijo Aida?- continuó
 _ No entendés nada vieja. Ella me dice así. No preguntes mas nada.

 _ Y… bastante boludo sos para casarte con esa chica. 

_ Cortala vieja, y no te podes quedar acá. Si Gabriela llega y te ve acá, se va armar flor de quilombo como la otra vez. Se suponía que habías sido clara cuando Gaby fue a buscarme a Chascomus. Recuerdo perfectamente las palabras de la señora "si te casas con esa chica  olvídate que tu madre va asistir a ese teatro."- imitándola con movimientos femeninos.
_  Yo me fui y respeté tu decisión vieja, ahora te pido que respetes la mía.
 _ Yo me voy a quedar acá - le contestó ella con firmeza, sentándose sobre su maleta
 _ Además tengo pensado vender la casa y comprarme un departamento en este edificio,  cerca de ustedes.
_ No, no mamá . Olvidate de eso. No te vas a mudar ni acá ni a la China ni al Congo. Donde sea que yo vaya con Gabriela.

_ Pero ustedes no van a poder con Aida, para eso me tiene a mí Yo la voy a cuidar.

_ Ya te digo que no. Y  Gabriela me mata si te pongo al cuidado de su madre

 _ Aida - se dio vuelta su madre sin responderle,  al ver la figura de la madre de Gaby, que llegaba envuelta en su bata floreada de siempre, con una cajita de terciopelo rojo que sostenía entre sus manos con mucho celo.
 _ ¡Llegaste! _ le dijo a Anto emocionada de verlo.
 _ Mi amor ¿qué es eso que tenés en la mano? A ver, dame- le estiró la mano para tomar la cajita.
La madre de Antonio los observaba sumamente desconcertada. No sabía si lo hacían con el propósito de montar un teatro delante de ella para que creyera que se había vuelto completamente demente con el fin de que se volviera a su pueblo.

_ ¡Ah amor! son las alianzas - le contesta, abriendo el estuche. 
_ La pelirroja las tenía. Para mí que me las quería robar Osvaldo. Eso porque vos no me las guardaste - le reprochó, indignada.
 _ Pero mi amor ¿qué pensaste? ¿Que no me quería casar con vos? Vení hermosa - haciendo un gesto para que se acercara y Aida asintió volviéndose hacia donde él estaba. Anto la tomó en sus brazos como un niño que se aferra a su peluche.

_ Pero... ¿qué significa esto? ¿Me están tomando el pelo?

_ Ya te dije vieja no entendés. Quédate si querés   Conociendo como era su madre, obstinada. Cuando una idea se pasaba por su cabeza no lograría convencerla 
_Después del casamiento te vas _ le aclaró. 
_Mientras estés acá no quiero que digas a mi o a Gabriela como tenemos que cocinar o limpiar la casa. Y para vos, delante de Aida soy Osvaldo. Si te habla del boludito ese soy yo  también , y si te habla de una pelirroja ya te darás cuenta que es Gabriela.
 _ ¿Pero se volvieron todos locos?
 _ Es la única condición para que te quedes. Se terminó vieja, la tomás o la dejás
 _ Me preocupás sinceramente Antonio _ le confesó,  oscureciendo el semblante
Para mí que te está haciendo mal la relación que tenés con esa chica. Vos sos un hombre joven . No podes quedarte en este departamento encerrado, cuidando de una mujer enferma como Aida. Gabriela te esta chupando los pocos años de juventud que te quedan.
 _ ¿Y vos te mamás sola él vino vieja? No tengo ochenta años.

 _  Y treinta años no son nada. Estás a la mitad de tu vida, querido
 _ Treinta seis _ la corrigió-. Me tenés cansado ya de que me estés rompiendo las bolas con mi mujer. Te quedas acá calladita hasta que me case con Gabriela y tenemos la fiesta en paz
 _ Pero la torta la hago yo. - le aclaró decidida -Ya te lo digo, porque tu mujer no sabe hacer nada. La última vez que vine la casa estaba corroída de mugre
 _ Corroída, anda al cuarto que después hablamos.  " No cambia mas esta mujer " pensó, cuando su madre se fue.
 _ ¿Qué torta dijo Osvaldo? - preguntó Aida, sumamente preocupada.
 _ La nuestra amor. ¿No te prometí que pronto nos vamos a casar?
_ Si ... pero yo no quiero que ella me haga la torta
 _ No te preocupes amor. Yo ya tengo todo arreglado, el servicio de catering, la luna de miel, todo.
 _ Eso me gusta - riendo. Recostó su mejilla sobre su pecho imaginando que pronto ella sería la novia que entraría altar y allí estaría su novio esperándola.

A media mañana, Pedro  se decidió a ir al juzgado para hablar con el nuevo Fiscal de la Nación. 
Por más que Octavio había sido claro cuando le dijo que aún era pronto para tomar cualquier decisión respecto a Camila, no estaba dispuesto a quedarse de brazos cruzados en su casa.
_¿Qué haces acá? - Preguntó a su amigo al ver un auto rojo que estacionaba a la entrada del edificio.
Bajo más la ventanilla  a medio abrir para contestarle.

_ Sabía que no te ibas a quedar quieto, por eso vine.

Resignado se fue hacia el auto para que lo llevara hasta allí. Hubiera preferido que no lo hiciera, así tuviera que caminarse un montón de cuadras, porque sabía perfectamente que trataría de persuadirlo de vengarse de Camila.

_ Estaba seguro que iba a llegar y te iba a encontrar para irte al juzgado.
_ Como se nota que me conoces.
_ Tantos años en Nueva york - repuso- no me hicieron olvidar de mi amigo
Que Pedro supiera que la causa de su esposa cambiaria de emoción violenta a asesinato por alevosía  agravado por el vinculo,  significaba un paso muy importante, dada la idea que ya estaba tejiendo en su mente. Octavio sabía eso. Aunque no estuviera de acuerdo. Como también podía comprender el motivo desesperado que Guillermo necesitaba. El mismo motivo que lo había movido a el todo ese tiempo: Ver que Camila padeciera el mismo dolor que el hombre, que los dos amaban,  había sentido ese día. 
No habría peor condena que esa. Que encontrarse de por vida condenada al abismo más profundo, en medio de una soledad rodeada de los fantasmas de su propia culpa. Así como ella lo había condenado a él a las sombras más oscuras que la muerte podía tener. Verse cara a cara con lo que ella misma había creado.
No obstante, Octavio tenía un motivo mucho más grande para desear que Camila recibiera la condena que merecía. Y para eso, Guillermo no podía saber que había logrado que se abriera una nueva causa. Y así lo hizo . Porque sabía que la situación lo haría encontrarse irremediablemente con Pedro todas las veces que fuera necesario y durante el juicio. 
El corazón no podría engañarse, aunque su amigo se ocultara detrás de la máscara de otra persona que ni siquiera existía.
Más allá de pensar que la llama entre los dos siguiera viva, Octavio sentía un peso mayor en su interior para obrar como lo había hecho. De otro modo, jamás le hubiera ocultado información a su colega.
Pedro no había podido evitar desahogar con él toda la angustia, las dudas y la incertidumbre en que lo había dejado  Guillermo  los últimos días antes de su muerte.
Pedro no podía conciliar el sueño y lo llamaba a Octavio,  preguntándose cada noche porque Guillermo había demostrado una actitud tan distante y ya no parecía el hombre del que se había enamorado.
¿Por qué había dejado de cuidarlo como esa vez que lo buscó en el bar y lo cubrió con una manta ,aguardándolo en sus brazos? Como el único momento que sintió que era de él, cuando se quedo a su lado para curarlo de una gripe que amenazaba por quitarle todas las fuerzas de su cuerpo. Él había estado ahí, como siempre. Desesperado ante el temor que algo terrible pudiera pasarle. Y él lo beso con todo el deseo que sentía en ese momento. Con un deseo que no podía más y le gritaba que se entregara a la pasión que todo ese tiempo lo había estado consumando. Con toda esa fogosidad con la que había abrazado su boca a sus labios, para solo recibir un beso tímido de los suyos.
¿Dónde estaba el hombre que él había amado? ¿Por qué un día despertó y se había transformado en otra persona?
Por mas hipótesis que echara sobre la mesa, se le hacía imposible llegar a una conclusión madura, como la de un adulto; Observaba la situación como un niño. 
Para Pedro su cambio era comparable a la de un monstruo al que poco le habían importado sus sentimientos y los había destruido, haciéndolo trizas.
Deseaba odiarlo por haberle reclamado como lo había hecho por ese hombre y sin ningún sentido. ¿Acaso los celos eran un acto para ser justificado?
 Eso lo hizo sentir hipócrita por un momento. Él también había sentido celos cuando lo vio con Matías y con Juan; Arizmendi había sido la gota que rebalsó el vaso. Nunca había sentido un instinto tan asesino como lo sintió por ese hombre. Pero supo controlarse 
Pero no podía comparar sus celos, por más que quisiera, con lo de Guillermo
¿Cómo justificar tamaña grosería y maltrato? Eran razones suficientes para aborrecerlo con todas sus fuerzas. Pero no podía por más intentos que hacía.No podía odiarlo. No lograba poder explicar que lo había llevado actuar de esa manera. Y
no olvidaba sus palabras “Hacé tu vida, que yo necesito hacer la mía “
Se hacinaban en su mente y lo atormentaban todo el tiempo.
¿Acaso había escuchado bien? ¿"Necesitaba"? ¿Como podía necesitar tenerlo lejos, después de haberle dicho que su única vida era e iba ser siempre él?
Cuando el  había tomado él valor suficiente para dejar a Camila, pese a haberse enfrentado a la desesperación y al dolor con el que ella le había suplicado que no la dejara. Un dolor que hubiera querido evitarle y pese a ello y a todo sus miedos de lo que sociedad pudiera hacer o decir, cortó para siempre el lazo que los unía.
¿Para qué había hecho todo? Para rebasar él limite, para caer en la cuenta que había tenido que suplicarle. Hacerle jurar con una firmeza capaz de dominar su carácter, que se fuera con él. Lejos de la pesadilla que estaba viviendo.
¿Qué había pasado esos últimos días para que se alejara de él como lo había hecho?
¿Por qué había deseado apartarlo de su vida? 
Sentía que una sombra se había cernido sobre los dos.
En el momento que Octavio escuchó de sus labios toda esa pesadilla vivida y todas esas preguntas sin respuestas, sintió que una rabia incontenible se había apoderado de él. La impotencia lo cegaba. No podía soportar el dolor que él hombre, que su mejor amigo amaba, lo hubiera sumido en una carga que pesaba en su alma y en su corazón.
Demasiado tenía con arrastrar una culpa que no era suya;  y por otro, el recuerdo de la mano que su padre  descargó sobre él durante toda su infancia, como una masa de hierro que caía sobre su cuerpo. 
¿Cómo se había atrevido a lastimarlo de esa manera?  No lo merecía.
Si tan solo él hubiera estado, sino se hubiera ido a otro país, herido por el rechazo que había recibido de Pedro, después de haberle confesado lo que sentía por él, nada de eso hubiera pasado.  No los habría conocido a ninguno de los dos, y no se hubiera casado con Camila.
 Solo habían sido dos piedras en su camino.
“Estoy dispuesto a arriesgar mi vida si es necesario por él. No voy a perderlo de nuevo”  Se había prometido a si mismo.
Sin embargo, Octavio no contaba con que Matías estaba al tanto de la causa. Había seguido todos los pasos que Cáceres daba y parte de que se lograra abrir un nuevo expediente,  se debía a la firmeza de él. De plantarse frente al fiscal para convencerlo después de varios portazos recibidos.
 _ Si quiere hacer ayuda humanitaria Olazabal, vaya a la Franja de Gaza a salvar gente - le había dado como respuesta en una oportunidad el fiscal. 
_ Ya se dio sentencia  y la señorita Moravia va a permanecer seis años en la cárcel como se dictaminó.
_ ¿Por qué es hija de un juez? - le contestó en un dejo sarcástico Matías. 
_Demasiado oportuno son los jueces cuando se trata de un colega.
_ ¿Qué está insinuando?
 _ ¿Qué insinúo? - le dijo, inclinándose delante del escritorio, desafiándolo
. _Que Camila Moravia estaba en perfectas condiciones de salud  - continuó -, para haber obrado como lo hizo. Pero por hacerle honor a la memoria de Orestes Moravia ustedes cambiaron la caratula.
_ ¿Usted sabe que puedo quitarle la cedula y hacerlo detener por desacato a la autoridad?
_ ¿Por decir la verdad? - le replicó
_ Le recuerdo que el marido de la señorita Moravia fue el asesino de su padre-. Le contestó en un aire de soberbia, mientras se acomodaba la corbata.
_ Eso nunca se pudo comprobar.
_ Porque el susodicho estaba prófugo, además debo agregar, que iba a abandonar a su esposa ese día para irse con un colega nuestro. ¿No cree que motivos le sobraban para operar como lo hizo? La señorita Moravia actuó bajo emoción violenta producto de los hechos traumáticos que sucedieron los días previos. Además de que se tomaron en cuenta los antecedentes de su madre y de que estaba siendo medicada, ya que sufría de los nervios. Por lo tanto, la causa se va a quedar como está Olazabal, le guste o no a usted o a Cáceres.
 _ No me sorprenden nada sus argumentos baratos. Además de haber puesto un fiscal incompetente para llevar la causa.
 _ Entonces llévele sus reclamos a Miller y no me moleste más.
 _ Voy a encargarme de hablar con el procurador cuando sea nombrado y vamos a ver si no voy a lograr que se abra una nueva causa. Tengo entendido que goza de mucho poder económico y tiene muchas influencias -  con un aire de mucha seguridad.
 _ A mí no me amenace Olazabal
 Matías sabía de una fuente muy confiable de todas las irregularidades que se habían hecho para acelerar el proceso de la causa Camila Moravia.
En ningún momento habían sometido a Camila a estudios psiquiátricos, alegando emoción violenta  sin ninguna prueba médica que avalara el argumento de su abogado. Salvo por la visita que había hecho Santiago con su defendida a la clínica donde estaba su madre. Pero ello solo había sido una estrategia de Malvarez  para que ella pudiera imitar el estado en el que podía estar una persona demente. Una ironía ante los jueces que habían recibido una cantidad de dinero considerable para dar por hecho que Camila Moravia solo había actuado bajo un brote de locura momentáneo. Había perdido el control sin medir las consecuencias de su acto. Razón por la cual los esfuerzos de  su abogado, para ganar el caso, habían resultado innecesarios.
Si el fiscal había sido capaz de comprar a los jueces, él haría lo mismo con la ayuda de Julián,  para apelar la causa y ganar el juicio. Después de todo, Pedro estaba dispuesto a lo que fuera para volcar sobre Camila su venganza.
Lo que Olazabal no podía entender,  era como Miller había formado parte de todo ese plan, aunque tampoco tenía la certeza. Siempre se había demostrado como un ejemplo de honestidad. Era la justicia personificada para muchos. Si no sabía, debía estar al tanto de lo que habían estado cocinando delante de sus narices. No había forma que no lo supiera, cuando no había perdido detalle del proceso, siendo que estaba a su cargo.
Matías lo conocía muy bien para saber que José no tenía un pelo de tonto. Era muy intuitivo para no darse cuenta que pasaba en torno suyo y analizaba toda la situación con una perversa inteligencia que le helaba la piel de solo pensarlo.

sábado, 2 de abril de 2016

"EN UN AÑO, NUEVE MESES Y DIECISÉIS DÍAS" - Cap. 6 - (By Daniela Maurice)

"EN UN AÑO, NUEVE MESES Y DIECISÉIS DÍAS" - CAPÍTULO 6





                      
 NO HABRÁ MARCHA ATRÁS
  
La mañana despunta mientras las primeras luces del alba lo despiertan. Siente que el sol cubre su rostro y se da vuelta, tratando de ocultarse debajo de las sabanas, irritado por  el fuerte destello.
Son las nueve. Aun así, procura dormir mas, cuando siente el roce inconfundible de sus dedos derramarse sobre su piel, como un hormigueo que de a poco lo va estremeciendo. Se posan en su boca y siente como si sus manos besaran sus labios. Sus caricias lo despiertan  cuando sus miradas se encuentran. Hubiera querido no despertar en ese momento y saber que solo fue un sueño, y morir en él ante el miedo de saber que hubiera sido tan solo eso, un sueño más, que cada mañana borraba todas las esperanzas que un día había imaginado y que por un instante le hacía pensar que fuera real.
¿Cómo puede ser que estés conmigo? si mis sueños juegan siempre cruelmente conmigo.
Pedro comprendía en sus ojos lo que las palabras enmudecían. 
_ ¿Dormiste bien? _ apenas podía oír el hilo de su voz cuando él le hablo.  Le parecía oírlo tan dulce que lo llevaba a un recuerdo, a una promesa jamás cumplida. Tan perfecto que había sido,  sin nadie alrededor que pudiera romper el silencio que había entre los dos.
Las imágenes cobraban fuerza cuando lo sentía detrás suyo susurrando a su oído una invitación poco importante.
No podía haber sido un sueño. Si con sus labios en ese momento pasado, lo hubiera besado, habría sabido miel en su boca. 
_ ¿Qué estoy haciendo acá? -  Le preguntó, incorporándose sobre el sofá.
_ Eso no importa.
 _ Quiero saber cómo llegue acá - insistió con un dejo en el que se alcanza a percibir su enojo. 
Había recibido sus palabras como si un golpe mortal  hubiera estallado en su pecho. Ni siquiera lo había mirado a los ojos. No esperaba que su respuesta hubiera sido tan seca después de esa noche. ¿Cómo había podido borrar todo de su mente?
Quizás era mejor, pensó. Aun no era tiempo para que supiera que  estaba vivo. Si Beto tenía razón, que era el único que podía quitarle la idea de vengarse, arruinaría todos sus planes.  No había soportado él calvario de estar en coma y haberse ocultado durante un año para llegar y hacer como si nada hubiera pasado.
_ No tenías porque contestarme así- contesto dolido, cruzándose de brazos.
_ Lo siento - Se disculpó al ver la tristeza que comenzaba a reflejar en sus ojos.

No se reconocía así mismo. ¿Acaso había perdido todo su orgullo? Nunca se había disculpado con nadie,  ni mucho menos consideraba que debía dar marcha atrás a lo que siempre decía. Defendía con firmeza sus ideas con quien osara contradecirlo. Discutir con él, era lo mismo que enfrentarse a un tribunal,  en un juicio que ya podía darse por perdido.
 ¿Quién era este ahora para venir a desbancarlo?
_Me comporto así con todo el mundo, es mi forma de ser. Y no se - se interrumpió a sí mismo al verse confeso _ ¿Que tengo que estar dándote explicaciones a vos?
Pedro optó por no contestarle. Más bien prefería ese espacio de silencio que Guillermo había dejado para pensar cómo hacerlo irritar más. Porque era precisamente ese mal genio el que lo había enamorado, el que más disfrutaba. Como si se tratara de un éxtasis imposible de resistir. 
_ Vos  y Malvarez ...? _ lo evadió,  cuando había notado claramente su intención.
_ Soy su sobrino _  se apresuró a contestar. No podía quedar descubierto ante él.  Aunque Guillermo estuviera lejos de saber que se tratara del amor de su vida.
Por un segundo  había llegado a pensar que podía haberse tratado de Pedro, pero su pregunta le había bastado para derrumbar nuevamente todas sus ilusiones.
¿ En que estaba pensando? ¿Cómo se le había podido ocurrir que el sobrino de Malvarez podía ser él amor de su vida?
Bajó la vista y tanteó su cuerpo. Comprobar que estaba desnudo debajo de las sabanas, delante de un extraño, era razón suficiente para desaparecer y hacer como si nunca hubiera existido.
Dio un hondo respiro al mismo tiempo que su corazón parecía que fuera a desbocarse dentro. Lo sentía acelerarse como una carrera de autos que se dirigía a mil por horas.
_ ¿Me explicás que hago acá en tu casa … y sin ropa?
Si había una oportunidad para hacerlo enfurecer, ese era el momento perfecto.
Se llamó a silencio nuevamente y solo le emitió una traviesa sonrisa.
_ Esto no es gracioso Malvarez o como te llames.
_ Julián _ Aclaró sus dudas. _Y si _ continuó _uso el apellido de mi tío por mi madre, pero eso no tiene nada que ver con tu pregunta.
_ Quiero saber cómo llegué acá y porque tengo que estar tapado con esta sabana.
Guardaron silencio.
Pedro se inclinó de rodillas frente a él. No sabía que decirle. Atrapado por la sensación que le causaba tenerlo de esa manera, debajo de las sabanas. Asomó la punta de su lengua dejando que se derramara por su boca ante el solo hecho de imaginar que lo desnudaba con solo mirarlo. Provocaba él mismo efecto en Guillermo. Se deshacían de caricias, se besaban sin ningún movimiento de sus labios, se hacían el amor con solo un gesto de sus miradas.
Guillermo comenzaba a sentir que la situación lo desbordaba, como si lo hubiera vuelto prisionero de sus propios instintos carnales.
¿Cómo podía tener tanto poder sobre él?  ¿Por qué no? pensó por un instante Pedro. Si, habría sido capaz de hacerlo preso de mi propio cuerpo, ¿por qué no podría haberlo tomarlo bajo mis reglas si todo mi ser me gritaba que lo hiciera? Te habría hecho mío para siempre.
Vaciló de nuevo en su respuesta, cuando Guillermo le dijo antes que el deseo los consumara una vez más :
_  ¿Me vas a decir o no como llegué a tu casa?
Si esperaba que su respuesta fuera afirmativa, estaba equivocado. 
_  ¿De verdad querés saber lo que hicimos anoche?
_ ¿Hicimos? - le inquirió, desconcertado. 
_ No me hagas caso - poniéndose de pie - Ahora no es el momento para hablar  de eso. Voy a traerte algo para que te vistas.
Se había ido pero aun sentía su presencia. Se preguntaba si era así con todas las personas, como si dejara una huella cada vez que se iba. Si era así con todos los hombres. ¿Pero como podía saber acaso que el sobrino de Santiago inclinara sus sentimientos hacia los de su mismo sexo?
No podía evitar imaginar que era capaz de seducir a todos los hombres. El solo pensarlo le provocaba los celos más terribles que jamás había sentido antes.
¿Por qué le importaba tanto si apenas lo conocía? Era el segundo encuentro y todo se cubría de misterio como la primera vez que lo había visto.
Al cabo de unos segundos lo veía regresar con unas prendas en sus manos. 
_  Te traje ropa seca para que te cambies - colocándolas en el sofá.
_  Te agradezco _ le contestó tomando las prendas de vestir _ Disculpame de nuevo por cómo te hablé - se excusó mientras trataba de cambiarse entre las sabanas. Mas que una disculpa había sido una excusa para fingir los nervios que estaba sintiendo recorrer  todo su cuerpo como una chispa electrizante -Tuve un año difícil - continuó
_  No tenés que...
_ De verdad, y para ser un desconocido resultaste ser una buena esposa.
_ Si Eugenia te escuchara diría que sos un hombre con mucho ego en tus pelotas.
_  ¡Huu…! ¡Qué bravito resultaste! Supongo que Eugenia es tu novia - sacudió las sábanas, molesto ante los celos que le provocó su respuesta. 
_ No pensé que te ibas a poner celoso - le dijo en un dejo seductor acercándose a él.
_ ¿Cómo voy a esta celoso de un desconocido?
_  Tan desconocido no. 
_  ¿A donde querés llegar conmigo?
_ A nada. Si quisiera entender porque te ponés a la defensiva conmigo.
_ La situación esta me pone así. Que estés así tan cerca mío me pone muy nervioso.
Se volvió más hacia a él haciendo que todo su cuerpo temblara mientras le hablaba a sus labios.
_ No tenés que ponerte nervioso conmigo. No te voy a lastimar. Podés confiar en mí - enlazó sus manos a la suyas al decir esas palabras. Como si buscara recordar en su mente la primera vez que abrazó sus manos, ahogado por las lágrimas de un dolor que lo consumaba.
Guillermo leía sus ojos buscando la respuesta a sus palabras dichas en silencio. Se le hacía imposible y tan difícil tenerlo así, tan cerca. Respirando el mismo aliento de su boca y saber que debía contener sus deseos de besarlo. Se estremeció una vez más, como si una corriente electrizante se descargara sobre él.
_ Quiero besarte - le susurró a sus labios
_ Tengo que irme - lo evadió retrocediendo sus pasos. 
_ Lo siento, discúlpame.
No le devolvió su disculpa. Decidió en ese momento desechar toda la culpa. Arrojarla lo más lejos que pudiera  y se volvió hacia él. Rodeó sus manos a su cintura, dejando que sus labios sellaran sus labios para que no lo olvidara.
_ ¿Y eso que significa? _  le inquirió Pedro, sofocado por el beso
_ Nada _ contestó con una voz serena. _Solo que gracias a vos me di cuenta de muchas cosas.
_ ¿Puedo saber que fue?
_ No, no por ahora precioso.
Le supieron a esperanza sus palabras mientras lo veía irse…
Se recostó sobre el sofá pensando en él y en esa noche tan perfecta, cuando la llamada de Octavio lo despertó su aletargamiento. 
_ Hola Octavio _ respondió sin ganas. ¿Por qué se le había ocurrido llamarlo justo en ese momento? Se fastidió en sus pensamientos.
_No te oigo bien. ¿Te sentís bien?
_Si, no es nada. _ Suspiró – No te preocupes. ¿Para qué me llamabas?
_Hablé con el secretario del fiscal. Lo tenemos amigo. Dijo que iba a tratar de concertar una cita hoy por lo de Camila. Pero antes que me digas algo, dejame que vaya yo personalmente, vos ocupate de lo tuyo.
_¿De qué querés que me ocupe? Si no tengo nada para hacer.  Desde que llegué a Buenos Aires me estoy volviendo loco 
_Te entiendo, pero me refería a tu identidad secreta – le dijo en un dejo cómplice y esbozando una sonrisa en su rostro.
_ Julián. Sería más fácil poder convertirme en él para siempre y olvidarme de todo, de mi pasado; de esta venganza
_¿Vos estás seguro de lo que estás haciendo? – Le preguntó preocupado.
_ Si te soy sincero amigo, no. Esto no me hace feliz, pero no pudo estar en paz sabiendo que ese tipo está suelto,  mientras yo estoy acá con el padre de Camila encima de mis hombros. No aguanto más esta mochila pesada - se lamentó, abrumado por la situación en que se encontraba.
_¿YCamila?

_ Eso es precisamente lo que me ata a continuar. No puedo sacármela de la cabeza, ni a ella ni a Guillermo.  
 _ ¿Hay algo que no me hayas contado?
 _No quiero hablar de eso ahora. Yo te llamo después y hablamos. Adiós - se despidió cortante y en tono tan seco y rápido, que apenas había escuchado la voz de su amigo devolviendo la respuesta.
Ese día  el estudio abría mas tarde de lo habitual. Por ocurrencia de Marcos, que había decidido, ante la ausencia de Guillermo, preparar sus vacaciones sin tener que dar explicaciones a su amigo de lo que haría. No porque a Guille le importara lo que hiciera con su vida ( obviamente) sino mas bien por la desorganización, la pérdida de dinero y tener que soportar las quejas de los clientes al ver que sus casos no llegaban ni a la primera hoja del expediente.
 Ahora que estaba solo era diferente. Se sentía libre, dueño y señor del estudio y le parecía una buena estrategia que la firma permaneciera cerrada las primeras horas de la mañana, de esa manera cualquier cliente pensaría que el estudio estaría cerrado hasta nuevo aviso. Ya consideraba la idea de cerrarlo, si ello atentaba con sus planes de descanso.
En lo único que pensaba era imaginarse en una playa, recostado con los pies en la arena, bronceado, y observando la fila de chicas de veinte años en bikini. Lejos de la voz de Isabel diciéndole lo que tenía que hacer u ordenándole que hiciera los quehaceres de la casa, mientras ella leía una revista plácidamente en el sofá o se iba con sus amigas.
Por esa razón, quería evitar encontrarse con cualquier cliente que le trajera un quilombo al llegar allí. Eso incluía a Materazzi que ya le resultaba un dolor de cabeza.  Ir unas horas después y ocuparse de los casos que quedaban le llevaría menos stress. Gaby no estaba de acuerdo y le indignaba la actitud que estaba teniendo Marcos, abusando del poder que tenía, siendo que era el dueño y uno de los socios principal del estudio. Esta situación, motivaba discusiones contantes entre los dos.
_ Es una locura. No podés decidir por nosotros _ le reprochó Gaby _ Te vas de vacaciones _ continuó, dando vueltas en la dirección en la que él se encontraba _ y querés dejarnos a mí y a Santiago todos tus quilombos.
_ Yo tengo todo el derecho a descansar. ¿Qué querés que haga? ¿Qué lo resucite a Pedro para que te ayude?
Gabriela no contestó, respondiéndole tan solo con un gesto de indignación, boquiabierta y con los ojos desorbitados. ¿Cómo podía ser tan cínico de nombrar a su amigo de la manera que lo había hecho  para justificarse?
Tomó aire para recuperar la calma. Si analizaba bien la situación no podía reprocharle su contestación, sabiendo que Pedro estaba vivo. Pero no quitaba su cinismo.
_ Yo no me voy hacer cargo de tus responsabilidades. Y vamos a perder clientes así. 
_ ¡Pero mírala a la hipócrita! _ le apuntó con el dedo. Vivís llenándome la oreja que no te interesa ganar guita. Con ese casamiento de mierda que estás haciendo,  no te importa vender a tu madre. La vas hacer morir de hambre _ agregó.
_ Pero... ¿qué sabés? no tenés idea de nada. Yo solo te recuerdo que este estudio es de todos y esto no se va a quedar así _ le advirtió tomando el teléfono _ Guillermo se va a enterar de esto.
Guillermo  no viene acá _ le contestó en un aire de altanería. _ ¡Y dame eso! _ le ordenó, sacándole el teléfono con violencia.
_ ¡ Sos un Bruto! Guille va a volver. Ahora porque está ocupado con sus planes con José.
_ ¿¡¡ Y eso que tiene que ver!! ? _ Haciendo ademán con sus manos.
_Te voy a decir algo_ le advirtió ella.
_¡No terminé Grabriela!_ la interrumpió volviéndose a ella con fiereza. _Yo no voy a renunciar a mi vacaciones por nadie, y a mi Guillermo no me manda. Y si él no está, él que pone lo puntos sobre la mesa ... ¡¡soy yo !! _ golpeando con un puño la mesa. _Y si quiero cerrar el estudio lo cierro.
_¿Terminaste?  Porque te voy a decir algo dueño y señor. Te repito, acá dueños somos todos y cuando Guille se case con José él también va a tener derechos. Así como Isabel los tiene.
_ ¡¡En las pelotas Soria!! Y te aclaro que Isabel no tiene ningún derecho tampoco _ Continuó siguiéndola hasta el despacho de Guillermo _ La plata mía la toco yo _ siguió,  cuando ella se detuvo en la puerta _ y el patrimonio que tengo en el banco es para mi hija. ¡Acá los cónyuges no tienen parte ni voz! Espero que te quede claro defensora de pobres. Y esta va también para Antonio si piensa que va a tocar la plata, no va a tocar ni un peso.
 _ ¿Qué lo metés a Antonio? ¡Y a mí me dejás de levantar la voz! Y sos un desagradecido después de lo que José hizo por nosotros.
_Ya me tenés las pelotas llenas con esa frase -  entrando al estudio - ¡Un año escuchándote con esa frase!
_No voy a seguir discutiendo con vos. Ni en el despacho puedo estar tranquila _ le contestó saliendo de allí _Me voy a la cocina a tomar un café para sacarme la bronca.
De esa discusión con Gaby había pasado una semana. Después de eso no volvieron hablarse a menos que se tratara de trabajo.
Para fortuna de él, ese día su socia se encontraba fuera. Lo que menos tenía era energía para discutir con ella. Porque si había algo que no podían evitar esos dos era pelearse. Tal vez era la única forma en que se entendían. Hasta que llegara el día en que uno de los dos ganara la pulseada.
Llamaron a la puerta, cuando Labrápulos hizo un gesto a su secretaria para que atendiera.
Cuando Cuca había abierto, unos hombres vestidos elegantemente en traje negro la empujaron para ingresar. La brusquedad con que lo habían hecho hizo a Cuca perder el equilibrio, cayendo de espaldas sobre la mesa pero aun con fuerza en su cuerpo que había podido amortiguar la caída.
Marcos sintió que la ira se iba apoderando de él, como si una lava volcánica estuviera a punto de explotarle dentro al ver la violencia con que se habían abalanzado sobre ella. Podía tener la mente fría para muchas cosas, incluso romper los códigos de la amistad para ganar un juicio, pero de ninguna manera podía soportar semejante atropello.
 _ ¿Estás bien Cuca?
_ Si, estoy bien mi amor - le contestó sosteniéndose de él.
_ Terminemos con esto señores - lo interpeló uno de los hombres a Marcos
_ ¿Qué mierda hacen ustedes acá?
Cuca observaba la escena mirando de un lado a otro. No comprendía nada de lo que estaba pasando. ¿Cómo podía ser que Marcos conociera a esos hombres tan agresivos? La situación la paralizó por completo. Sentía que el pánico la desbordaba como si se sintiera presa. Como deseaba con ansias que su sobrino irrumpiera allí y la rescatara de la pesadilla que venía avecinarse sobre Marcos y ella. A él, pensó, quien se iba a atrever a enfrentarlo con el carácter que tenía. Un grito y era capaz de acallar a turba de gente.
_ No vinimos a perder el tiempo Labrápulos _ le advirtió el segundo. _ Queremos la devolución del dinero que le prestamos.
_ Habían acordado darme más tiempo.
Marcos trataba de controlar la calma pero sabía perfectamente que con esos hombres no se jugaba. Por una deuda, la más mínima que fuera, eran capaces de volar un edificio entero con niños adentro.
_ ¡No me venga con estupideces Labrápulos! ¿Usted cree que estamos jugando?
_ ¿ Por qué no se calman? _ intervino Cuca. _¿Quieren que les traiga un café?
_ ¡Qué café!_ exclamó indignado Marcos. _ Estos no merecen ni mierda.
Viendo que la situación se salía de control, Cuca lo apartó a Marcos
_ Yo creo que es mejor que le demos algo así se calman _ trataba de convencerlo, temiendo que esos dos fueran capaz de matarlos sin ninguna piedad. 
_ Acá no se le da ni café al vecino _ le aclaro él, bajando la voz. _Estos no se calman ni con un vaso de agua.
_ ¿Y Labrápulos? ¿Va a devolvernos el dinero o va a seguir perdiendo el tiempo con su madre?
_ Ella no es mi madre, es mi secretaria. No tengo el dinero ahora _ continuó en un aire de orgullo. No sentía miedo de lo que fueran capaces de hacerle
_ Le vamos a dar un mes _ le advirtió. A esas alturas ya habían controlado la furia que los había colmado. _Si no cumple con lo pactado no veremos en la obligación de que nos entregue el estudio.
_ Ustedes son unos hijos de puta
_ Fue lo que acordó cuando puso su firma en el documento. Debería haberlo pensado antes y eso incluye a su familia.
_ Ni siquiera saben donde vivo.
_ No nos tome por estúpidos. Sabemos perfectamente donde vive y todo los movimientos de su esposa y su hija.
Cuando se habían ido Labrápulos cayó sobre el sofá. Aun no podía entender el huracán que podía avecinarse sobre su cabeza,  si no entregaba esa plata. "En un mes, en un mes...” se repetía a sí mismo agarrándose la cabeza.
Cuca solo lo miraba y no dejaba de llorar, aterrada por lo que pudiera sucederle a él y a su familia.
_ ¿Qué hiciste Marcos? estos tipos te van a matar corazón.
_ Hipotequé el estudio. Teníamos que pagar las deudas. ¿Qué mierda podía hacer? Guillermo me va a matar. ¡Me va a matar! _ exclamó de nuevo, dando un brinco del sillón. _Traicioné a un amigo _ se lamentaba, dando vueltas por el estudio _  a mi socio _ continuó lamentándose, _ y por estos hijos de puta.
_ Voy a traerte un té de tilo para calmarte esos nervios.
_ ¿¡ Para que mierda quiero un te !? ¿¡Ahora de donde carajo saco esa plata!?
 _ ¡¡Ya lo decía yo!! - La voz de su esposa se hizo sentir por todo el rincón del estudio, como si hubiera estallado la misma Hiroshima. Isabel había alcanzado a oír sus palabras. Solange que conocía a su madre claramente cuando se enojaba, se fue hacia a la cocina para refugiarse de la hecatombe que estaba a punto de armarle a su padre.
En efecto, dicho y hecho, Isabel lo enfrentó cuando se abalanzó sobre él  y le arrancó los lentes, arrojándolos bien lejos.
_¿Que eso que Guillermo te va a matar? _ le gritó en un chillido molesto a sus oídos.
_ Primero, no vengas a gritar como una tarada al estudio _ le replicó, fingiendo seguridad de sí mismo _ yo te puedo explicar _ bajó el tono de su voz, sumiso.
_¿Qué vas explicar? _ golpeándole el brazo. _ Mirá Marcos, si yo me llego a enterar que pusiste las manos en el patrimonio de la nena para tus jueguitos turbios,  te lo advierto ...¡¡ te las corto!!.
_ Te estás pasando...
_ Ya dije ¡¡ te las corto!! Ahora vamos para casa_ lo tironeó del saco.
_ Pero recién vengo y vos me querés...
_¿Vos querías volver a la casa y hacer buena letra? _continuó, arrastrándolo hacia la puerta _ Vas a empezar por limpiar todo.
" ¿De dónde sacaba tanta fuerza esta mujer"? pensó
El hecho que su esposa pudiera correr peligro empezaba a reconsiderarlo ante el calvario que acaba de imponerle. Tal vez no era una mala idea, pensó. Quizás podía llegar a un acuerdo con los acreedores y entregarle la cabeza de su esposa a cambio de no perder el estudio, y así por fin verse librado de Isabel de una vez por todas. Claro, que eso era solo un deseo de su inconsciente.
Mientras tanto, Gabriela estaba completamente concentrada en los últimos preparativos de su boda. Dispuesta a no perder cada detalle que faltaba para terminar. Solo restaban dos semanas y su casamiento con Antonio sería un hecho.
Cuando Anto la había llevado a  Le Meurice, el asistente personal del dueño  había sido el encargado de atenderlos. Era habitual que fuera él y no el susodicho el que recibiera a sus clientes, dado el carácter reacio que solía tener siempre con las personas. Se caracterizaba por ser un hombre desconfiado y muy malhumorado que no perdía ocasión para descargarlo con sus empleados.
Tratar con clientes era pérdida de tiempo para Colín Abaddie que consideraba que su lugar debía estar en la cocina, supervisando como un cancerbero el trabajo de sus subordinados, como él  llamaba a sus empleados.
Ninguna mosca volaba en torno de ellos cuando el jefe iba de una cocina a otra, en un silencio incómodo y expectante que ninguno de los jóvenes, en esos momentos de tortura, se atrevía siquiera a respirar. Mas concentrados en no perder detalle de ningún ingrediente, porque ante el mínimo error  Abbadie avanzaba hacia ellos con mano de hierro. Esto implicaba echarlos sin ninguna contemplación de pago por sus horas de trabajo.
La única que se atrevía a enfrentarlo era Paz que no soportaba los abusos de poder que echaba sobre sus compañeros, como tenerlos largas horas trabajando y recibir al mes un mínimo porcentaje de su sueldo o que se les prohibiera recibir propinas de los clientes. Sumado al maltrato constante que recibían.
Hasta ahora su valentía no le había causado problemas. Ella tenía la palabra justa para poner frente a su cara toda sus verdades. Era una líder nata. Lo único que había logrado hasta entonces fue que recibieran el porcentaje de sueldos que les correspondía y así como tener sus francos o que pudieran faltar en caso de estar enfermos.
Parecía tener dominado a su jefe pero era todo lo contrario. Lo que menos buscaba Paz era imponerse sobre él. Varias veces había amenazado con renunciar sabiendo que todos sus colegas irían detrás de ella. Y era precisamente ello lo que tanto temía  Abbadie.
Paz tenía el talento que se necesitaba para atraer clientes sin tener que recurrir a ninguna estrategia de marketing. Sabía hacia donde quería llegar con solo proponérselo sin ningún deseo de recibir nada cambio. Solo lograr que el restaurante siguiera creciendo como lo había hecho hasta ahora.
Aprovechándose de ello su jefe le había dado la oportunidad de montar un espectáculo, una especie de programa de cocina frente a los clientes que llegaban buscando captar su atención viendo como ella preparaba esa delicias que ellos degustaban. De esa manera era él el que lograba siempre retenerla para seguir enriqueciéndose a costa de su talento.
_ Me imagino que desean lo mejor de la casa, como se dice _ contestó riendo en un acto de romper el hielo. Se notaba nervioso. Por más que su jefe le tuviera toda la confianza, no podía evitar sentir miedo si llegara a equivocarse a la hora de satisfacer a un cliente.
_ Si ya sé que quiere decirnos _ le hizo saber Gaby _ pero a mí me gustaría que todo fuera más sencillo. ¿Vos que decís Anto? _ volviendo su mirada a su prometido.
Su novio ni la había escuchado. Mas con la vista suspendida en el techo, tedioso de tener que escucharlos.
_ Antonio te estoy hablando _ insistió ella.
_¿He? _ expresó con semblante desconcertado. _ Perdón, no te escuché Gabriela.
_ Hablábamos  de la comida. Me insististe durante meses con eso y ahora que estamos acá ni me contestás.
_ Si necesitan hablarlo yo les dejo acá unos folletos - alcanzándoselos - y luego me dicen que decidieron.
 _ No, por mi está bien. Me da lo mismo el banquete _ contestó Antonio, indiferente y con los brazos cruzados.
_ Mejor los dejo solos _ insistió el hombre y se dirigió hacia la puerta que conducía a la cocina.
 _ No te entiendo que te pasa.
_ ¿A mí? fuiste vos la que me buscó en Chascomus.
_ A eso voy _ le contestó seria. _Le estoy poniendo toda la energía a nuestros planes. Yo se que todo el año que pasó - continuó, moviendo sus manos _ descuidé nuestra relación, por eso nos peleamos, y vos te fuiste...
_A ver, no me pasa nada Gabriela.  ¿O vos nomás podes darle vuelta al asunto de nuestro casamiento? Fui yo el que te propuso dos años atrás que nos casáramos, no vos mamita  ¿pero vos que hiciste? Estuviste un año corriendo atrás del nabo de Alberto.
 _ Si vas a empezar de nuevo con Alberto me levanto y me voy.
_ No _ se retractó, sintiéndose culpable. Se daba cuenta que ella no tenía culpa alguna. La verdad de su molestia no era Marini,  sino lo que estaba sintiendo por Paz _  Discúlpame. Soy yo en verdad el problema,  ando nervioso y me la agarro con vos.
 _ ¿Y bien chicos? ¿Se decidieron? _  preguntó el asistente que volvía de la cocina.
 _ Espere _ le pidió Gaby
Ella observaba con suma atención los distintos modelos de platos dulces y salados, tratando de captar la atención de Anto.
Lo que para ella era la seguridad más grande,  para él se asemejaba a un presidio en el que esperaba pronto a ser condenado a la horca. Miraba hacia todo los rincones, en cada puerta esperando que el amor de su vida apareciera. Nada tenía más importancia en ese momento que Paz.
No podía , por más que intentara, poder borrarla de su mente. La inmensidad del amor que sentía por ella obraba con más fuerza en sus sentimientos y en su corazón.
Había hecho todos los esfuerzos posibles para olvidarla.
Tomar otro camino, sabiendo que el restaurante quedaba solo a unos pasos de su trabajo, para evitar la tentación de entrar a Le Meurice y  encontrarse con ella. De pedir a Mark una carga horaria más de lo normal para ocupar su mente en el trabajo. Hasta esperar que la noche llegara y buscar a Gaby en su cama,  para borrar en su cuerpo toda la pasión que deseaba entregarle al amor de su vida. Pero cada noche se hacía más imposible. Cada gemido de ella, acompasado al placer que él le daba,  era el sonido de su voz, de la mujer que amaba, y no el de Gaby el que oía. Y eran sus manos las que imaginaba sentir derramarse en su cuerpo.
_ Déjeme terminar de decirme y yo después le digo _ contestó Gaby.
_ Por mi no hay ningún problema. Es más, puede llevarse el catalogo. No es la primera vez.  Casi a todas las parejas que vienen les cuesta decidirse por qué banquete quieren.
 Se fueron de allí y cada uno siguió por su camino. Gaby al estudio y Anto, como Mark como había decidido darle franco por las dos semanas que quedaban para su boda,  se fue rumbo hacia su casa.
Lo que menos esperaba Antonio al llegar, era encontrarse con alguien a quien menos esperaba. Si algo le faltaba a la torta de boda, era la frutilla del postre. La señora Manero había llegado y no por unos días, sino para quedarse hasta después del casamiento de su hijo. Con suerte, si cobraba una cuantiosa fortuna que había ganado en el casino, en un juego de póker, se mudaría muy cerca de Antonio y de su querida nuera que tanto apreciaba.
 _¡Mamá! _ exclamó estupefacto, cerrando a la puerta. Se acercó a ella mientras la veía desempacar sus maletas. Lo que menos necesitaba a días de su casamiento, era una riña entre su futura esposa y su madre. _ ¿Qué haces acá vieja? - inquirió, dejando la llave sobre la mesita de luz.
 _ ¿Cómo que hago? ¿Te vas a casar con esa chica y pretendés que tu madre no asista a tu casamiento? ¿Y hace falta que me tenga que tenga que enterar por Aida de tu boda?  Porque si es por tu novia, dejame decirte, ni me enteraba.
 _ ¿Qué tiene que ver Aida? - le cuestionó yéndose hacia la cocina para prepararse unos mates.
 _ A mí no me hablás así _ le dijo ella, siguiéndolo. _ ¿Y qué es eso del boludito que me dijo Aida?_ continuó
 _ No entendés nada vieja. Ella me dice así. No preguntes mas nada.
 _ Y… bastante boludo sos para casarte con esa chica.
_ Cortala vieja, y no te podes quedar acá. Si Gabriela llega y te ve acá se va armar flor de quilombo como la otra vez. Se suponía que habías sido clara cuando Gaby fue a buscarme a Chascomus. Recuerdo perfectamente las palabras de la señora "si te casas con esa chica - imitándola con movimientos femeninos - olvídate que tu madre va asistir a ese teatro." Yo me fui y respeté tu decisión vieja, ahora te pido que respetes la mía.
 _ Yo me voy a quedar acá - le contestó ella con firmeza, sentándose sobre su maleta _ Además tengo pensado vender la casa y comprarme un departamento en este edificio,  cerca de ustedes.
_ No, no mamá . Olvidate de eso. No te vas a mudar ni acá ni a la China ni al Congo, donde sea que yo vaya con Gabriela.
_ Pero ustedes no van a poder con Aida, para eso me tiene a mí . Yo la voy a cuidar.

_ Ya te digo que no y  Gabriela me mata si te pongo al cuidado de su madre
 _ Aida _ se dio vuelta su madre sin responderle al ver la figura de de la madre de Gaby, que llegaba envuelta en su bata floreada de siempre, con una cajita de terciopelo rojo que sostenía entre sus manos con mucho celo.
 _ ¡Llegaste! _ le dijo a Anto emocionada de verlo.
 _ Mi amor ¿qué es eso que tenés en la mano? A ver, dame- le estiró la mano para tomar la cajita.
La madre de Antonio los observaba sumamente desconcertada. No sabía si lo hacían con el propósito de montar un teatro delante de ella para que creyera que se había vuelto completamente demente con el fin de que se volviera a su pueblo.
Sin embargo, ¿Como podía ser creíble semejante escena? ¿Si Aida apenas podía recordar a quien tenía frente a sus ojos?  Menos tendría cabeza para ocurrírsele junto a su yerno semejante payasada, concluyó a su criterio.
_ ¡Ah amor! son las alianzas - le contesta, abriendo el estuche. _ La pelirroja las tenía. Para mí que me las quería robar Osvaldo. Eso porque vos no me las guardaste - le reprochó, indignada.
 _ Pero mi amor ¿qué pensaste? ¿Que no me quería casar con vos? Vení hermosa - haciendo un gesto para que se acercara y Aida asintió volviéndose hacia donde él estaba,  Anto la tomó en sus brazos como un niño que se aferra a su peluche.
_ Pero... ¿qué significa esto? ¿Me están tomando el pelo?
_ Ya te dije vieja no entendés. Quédate si querés  _ Cediendo. Conociendo como era su madre, obstinada. Cuando una idea se pasaba por su cabeza no lograría convencerla -Después del casamiento te vas _ le aclaró. _Mientras estés acá no quiero que digas a mi o a Gabriela como tenemos que cocinar o limpiar la casa. Y para vos, delante de Aida soy Osvaldo. Si te habla del boludito ese soy yo  también , y si te habla de una pelirroja ya te darás cuenta que es Gabriela.
 _ ¿Pero se volvieron todos locos?
 _ Es la única condición para que te quedes. Se terminó vieja, la tomás o la dejás
 _ Me preocupás sinceramente Antonio _ le confesó,  oscureciendo el semblante. _Para mí que te está haciendo mal la relación que tenés con esa chica. Vos sos un hombre joven . No podes quedarte en este departamento encerrado, cuidando de una mujer enferma como Aida. Gabriela te esta chupando los pocos años de juventud que te quedan.
 _ ¿Y vos te mamás sola él vino vieja? No tengo ochenta años.
 _  Y treinta años no son nada. Estás a la mitad de tu vida, querido
 _ Treinta seis _ la corrigió. _ Me tenés cansado ya de que me estés rompiendo las bolas con mi mujer. Te quedas acá calladita hasta que me case con Gabriela y tenemos la fiesta en paz
 _ Pero la torta la hago yo. - le aclaró decidida -Ya te lo digo, porque tu mujer no sabe hacer nada. La última vez que vine la casa estaba corroída de mugre
 _ Corroída, anda al cuarto que después hablamos. _ " No cambia mas esta mujer " pensó, cuando su madre se fue.
 _ ¿Qué torta dijo Osvaldo? - preguntó Aida, sumamente preocupada.
 _ La nuestra amor. ¿No te prometí que pronto nos vamos a casar?
_ Si ... pero yo no quiero que ella me haga la torta
 _ No te preocupes amor. Yo ya tengo todo arreglado, el servicio de catering, la luna de miel, todo.
 _ Eso me gusta - riendo. Recostó su mejilla sobre su pecho imaginando que pronto ella sería la novia que entraría altar, y allí estaría su novio esperándola.
A media mañana, Pedro se decidió a ir al juzgado para hablar con el nuevo fiscal de la nación. Por más que Octavio había sido claro cuando le dijo que aún era pronto para tomar cualquier decisión respecto a Camila, no estaba dispuesto a quedarse de brazos cruzados en su casa.
_¿Qué haces acá? - Preguntó a su amigo al ver un auto rojo que estacionaba a la entrada del edificio.
Bajo más la ventanilla  a medio abrir para contestarle.
_ Sabía que no te ibas a quedar quieto, por eso vine.
Resignado se fue hacia el auto para que lo llevara hasta allí. Hubiera preferido que no lo hiciera así tuviera que caminarse un montón de cuadras porque sabía perfectamente que trataría de persuadirlo de vengarse de Camila.
_ Estaba seguro que iba a llegar y te iba a encontrar para irte al juzgado.
_ Como se nota que me conoces.
_ Tantos años en Nueva york - repuso- no me hicieron olvidar de mi amigo
Que Pedro supiera que la causa de su esposa cambiaria de emoción violenta a asesinato en segundo grado,  significaba un paso muy importante dada la idea que ya estaba tejiendo en su mente. Octavio sabía eso aunque no estuviera de acuerdo. Como también podía comprender el motivo desesperado que Guillermo necesitaba. El mismo motivo que lo había movido a él todo ese tiempo.
Ver que Camila padeciera el mismo dolor que el hombre que los dos amaban, había sentido ese día. No habría peor condena que esa, que encontrarse de por vida condenada al abismo más profundo en medio de una soledad rodeada de los fantasmas de su propia culpa. Así como ella lo había condenado a él a las sombras más oscuras que la muerte podía tener. Verse cara a cara con lo que ella misma había creado.
Pero el amor no siempre podía mover las piezas de la misma manera. Octavio tenía un motivo mucho más grande para desear que Camila recibiera la condena que merecía. Y para eso Guillermo no podía saber que había logrado obtener la apelación y así lo hizo . Porque sabía que la situación lo haría encontrarse irremediablemente con Pedro todas las veces que fuera necesario y durante el juicio. El corazón no podría engañarse aunque su amigo se ocultara detrás de la máscara de otra persona que ni siquiera existía.
Más allá de pensar que la llama entre los dos siguiera viva, Octavio sentía un peso mayor en su interior para obrar como lo había hecho. De otro modo jamás le hubiera ocultado información a su colega.
Pedro no había podido evitar desahogar con él toda la angustia, las dudas y la incertidumbre en que lo había dejado lo que había vivido con Guille los últimos días antes de su muerte.
No podía conciliar el sueño preguntándose cada noche porque Guillermo había demostrado una actitud tan distante y ya no parecía el hombre del que se había enamorado.
¿Por qué había dejado de cuidarlo como esa vez que lo buscó en el bar y lo cubrió con una manta aguardándolo en sus brazos para apartar todos sus miedos? Como el único momento que sintió que era de él, cuando se quedo a su lado para curarlo de una gripe que amenazaba por quitarle todas las fuerzas de su cuerpo. Él había estado ahí, como siempre. Desesperado ante el temor que algo terrible pudiera pasarle y él lo beso con todo el deseo que Pedro sentía en ese momento. Con un deseo que no podía más y le gritaba que se entregara a la pasión que todo ese tiempo lo había estado consumando. Con toda esa fogosidad con la que había abrazado su boca a sus labios para solo recibir un beso tímido de los suyos.
¿Dónde estaba el hombre que él había amado? ¿Por qué un día despertó y se había transformado en otra persona?
Por mas hipótesis que echara sobre la mesa, se le hacía imposible llegar a una conclusión madura, como la de un adulto. Observaba la situación como un niño. Para Pedro su cambio era comparable a la de un monstruo al que poco le habían importado sus sentimientos y los había destruido haciéndolo trizas.
Deseaba odiarlo por haberle reclamado como lo había hecho por ese hombre y sin ningún sentido. ¿Acaso los celos eran un acto para ser justificado? Eso lo hizo sentir hipócrita por un momento. Él también había sentido celos cuando lo vio con Matías. Y Juan. Arizmendi había sido la gota que rebalsó el vaso. Nunca había sentido un instinto tan asesino como lo sintió por ese hombre. Pero supo controlarse y obviamente en ningún momento se le cruzó por su cabeza matarlo. Solo había sido la pasión que se desbordaba dentro como un tsunami que arrasaba con todas las esperanzas que en ese momento él podía abrigar.
Pero no podía comparar, por más que quisiera, sus celos con lo de Guillermo
¿Cómo justificar tamaña grosería y maltrato? Eran razones suficientes para aborrecerlo con todas sus fuerzas. Pero no podía por más intentos que hacía.
No podía odiarlo. Si no lograba poder explicar que lo había llevado actuar de esa manera.
No olvidaba sus palabras “Hacé tu vida que yo necesito hacer la mía “
Se hacinaban en su mente, lo atormentaban todo el tiempo.
¿Acaso había escuchado bien? ¿Necesitaba? ¿Como podía necesitar tenerlo lejos después de haberle dicho que su única vida era e iba ser siempre él?
Cuando había tomado él valor suficiente para dejar a Camila, pese a haberse enfrentado a la desesperación y al dolor con el que ella le había suplicado que no la dejara. Un dolor que hubiera querido evitarle y pese a ello y a todo sus miedos de lo que sociedad pudiera hacer o decir, cortó para siempre el lazo que los unía.
¿Para qué había hecho todo? Para rebasar él limite, para caer en la cuenta que había tenido que suplicarle. Hacerle jurar con una firmeza capaz de dominar su carácter que se fuera con él lejos de la pesadilla que estaba viviendo.
¿Qué había pasado esos últimos días para que se alejara de él como lo había hecho?
¿Por qué había deseado apartarlo de su vida? Sentía que una sombra había cernido sobre los dos.
En el momento que Octavio escuchó de sus labios toda esa pesadilla vivida, después de que volvieron a hablarse, sintió que una rabia incontenible se había apoderado de él. La impotencia lo cegaba. No podía soportar el dolor en que él hombre que su mejor amigo amaba, lo hubiera sumido como una carga que pesaba en su alma y en su corazón.
Demasiado tenía con arrastrar una culpa que no era suya y la mano que su padre que descargó sobre él durante toda su infancia, como una masa de hierro que caía sobre su cuerpo. ¿Cómo se había atrevido a lastimarlo de esa manera?  No lo merecía.
Si tan solo él hubiera estado, sino se hubiera ido a otro país, herido por el rechazo que había recibido de Pedro después de haberle confesado lo que sentía por él, nada de eso hubiera pasado.  No los habría conocido a ninguno de los dos y no se hubiera casado con Camila. Solo habían sido dos piedras en su camino.
“Estoy dispuesto a arriesgar mi vida si es necesario por él. No voy a perderlo de nuevo”  Se había prometido a si mismo.
Sin embargo, Octavio no contaba con que Matías estaba al tanto de la causa. Había seguido todos los pasos que Cáceres daba y parte de que se lograra la apelación se debía a la firmeza de él, de plantarse frente al fiscal para convencerlo después de varios portazos recibidos.
 _ Si quiere hacer ayuda humanitaria Olazabal, vaya a la Franja de Gaza a salvar gente - le había dado como respuesta en una oportunidad el fiscal. _ Ya se dio sentencia  y la señorita Moravia va a permanecer seis años en la cárcel como se dictaminó.
_ ¿Por qué es hija de un juez? - le contestó en un dejo sarcástico Matías. _Demasiado oportuno son los jueces cuando se trata de un colega.
_ ¿Qué está insinuando?
 _ ¿Qué insinúo? - le dijo, inclinándose delante del escritorio, desafiándolo. _Que Camila Moravia estaba en perfectas condiciones de salud  - continuó - para haber obrado como lo hizo. Pero por hacerle honor a la memoria de Orestes Moravia ustedes cambiaron la caratula.
_ ¿Usted sabe que puedo quitarle la cedula y hacerlo detener por desacato a la autoridad?
_ ¿Por decir la verdad? - le replicó
_ Le recuerdo que el marido de la señorita Moravia fue el asesino de su padre. _ Le contestó en un aire de soberbia mientras se acomodaba la corbata.
_ Eso nunca se pudo comprobar.
_ Porque el susodicho estaba prófugo, además debo agregar, que iba a abandonar a su esposa ese día para irse con un colega nuestro. ¿No cree que motivos le sobraban para operar como lo hizo? La señorita Moravia actuó bajo emoción violenta producto de los hechos traumáticos que sucedieron los días previos. Además de que se tomaron en cuenta los antecedentes de su madre y de que estaba siendo medicada ya que sufría de los nervios. Por lo tanto, el expediente se va a quedar como está Olazabal, le guste o no a usted o a Cáceres.
 _ No me sorprenden nada sus argumentos baratos. Además de haber puesto un fiscal incompetente para llevar la causa.
 _ Entonces llévele sus reclamos a Miller y no me moleste más.
 _ Voy a encargarme de hablar con el procurador cuando sea nombrado y vamos a ver si no voy a lograr que se apele la causa. Tengo entendido que goza de mucho poder económico y tiene muchas influencias -  con un aire de mucha seguridad.
 _ A mí no me amenace Olazabal
 Matías sabía de una fuente muy confiable de todas las irregularidades que se habían hecho para acelerar el proceso de la causa Camila Moravia.
En ningún momento habían sometido a Camila a estudios psiquiátricos, alegando emoción violenta  sin ninguna prueba médica que avalara el argumento de su abogado. Salvo por la visita que había hecho Santiago con su defendida a la clínica donde estaba su madre. Pero ello solo había sido una estrategia de Malvarez  para que ella pudiera imitar el estado en el que podía estar una persona demente. Una ironía ante los jueces que habían recibido una cantidad de dinero considerable para dar por hecho que Camila Moravia solo había actuado bajo un brote de locura momentáneo. Había perdido el control sin medir las consecuencias de su acto. Razón por la cual los esfuerzos de  su abogado, para ganar el caso, habían resultado innecesarios.
Si el fiscal había sido capaz de comprar a los jueces, él haría lo mismo con la ayuda de Julián,  para apelar la causa y ganar el juicio. Después de todo, Pedro estaba dispuesto a lo que fuera para volcar sobre Camila su venganza.
Lo que Olazabal no podía entender,  era como Miller había formado parte de todo ese plan, aunque tampoco tenía la certeza. Siempre se había demostrado como un ejemplo de honestidad. Era la justicia personificada para muchos. Si no sabía, debía estar al tanto de lo que habían estado cocinando delante de sus narices. No había forma que no lo supiera, cuando no había perdido detalle del proceso, siendo que estaba a su cargo.
Matías lo conocía muy bien para saber que José no tenía un pelo de tonto. Era muy intuitivo para no darse cuenta que pasaba en torno suyo y analizaba toda la situación con una perversa inteligencia que le helaba la piel de solo pensarlo.
El fiscal aceptó la amenaza de Matías en ese momento, pero  su "generosidad" le duró unos pocos días.

 _Vos esperame acá - le pidió Guillermo a Miller.

José detuvo el auto frente al juzgado, cuando escucho el pedido de Guillermo

 _ ¿Aun no entiendo porque me pediste que te traiga acá a tribunales ?

 _ Era importante que viniera - le dijo en tono seco.

Una vez más esa incomodidad  que percibió en sus palabras, no se había escapado a la atención de Miller. No quería pensar cuál había sido la causa de su pedido,  por más que su inconsciente imaginara la respuesta. 
Saber que podía tratarse sobre la causa de Camila,  bastaba para sentir que la angustia le cortaba la respiración.

 _ ¿Te tengo que preguntar o creo saber la respuesta ?- preguntó secamente, volviendo sus ojos hacia él.
_ No empieces a comportarte como un chico.
_ Creo que si te traje hasta acá, me merezco que seas sincero conmigo, por la relación que tenemos.
_ Si te lo digo, empezás con un tema que para mí está cerrado -le respondió en un dejo de molestia.
_ Quiero la verdad nada más.

"Si te gusta el masoquismo" pensó para sus adentros, Guillermo 

 _ Voy hablar con Cepeda por la causa de  Camila. Al parecer Octavio logró que se abra una nueva  causa contra ella que modifique el móvil del delito. Y si te pedí que me trajeras acá,  es porque el señor prefirió no decirme. ¿Contento?

 _ Claro- le contestó en un dejo sarcástico-. Y eso te resulta muy molesto, porque te ocultó información sobre el amor de tu vida.
 _ ¿El amor de mi vida? - le replicó, desconcertado.
 _ Como escuchaste.
_ ¿Vas a empezar de nuevo?
 _ No, no voy a iniciar nada porque no quiero discutir con vos.
 _ Te voy a decir algo - le aclaró Guillermo - Antes que nada, Pedro fue una persona importante pero  no solo para mí,  sino para todos en el estudio. Y considero que ellos merecen ver que Camila reciba una condena justa por él y para que puedan encontrar un poco de paz. Por eso quiero estar al tanto.
 _ Si Gabriela o Marcos quieren tener un poco de paz, deberías dejar que se ocupen ellos. Vos ahora de lo único que deberías ocuparte es de nuestro futuro.
 _ Futuro- Le acentuó con la mirada desorbitada. Aunque en él fondo sabía a que se refería. Planes, viajes, etc. Todas esas cosas a las que él había rehuido siempre y que las parejas en pleno idilio romántico no pensaban en otra cosa más que en eso.  
Necesitaba esquivarlo. Lo único que podía venir a su mente era lo que había sucedido la noche anterior y no podía recordar.

 _ Estamos en el presente, no en el futuro - continuó. 
_ ¿Cómo me voy a ocupar de algo que todavía no paso? ¿Cómo voy a saber yo lo que voy hacer en un futuro?  Los planteos románticos conmigo no - añadio haciendo ademan con el dedo. 
_ Cuando tomé la decisión estaba muy seguro de lo que hacía y no voy a dar marcha atrás de lo que te pedí.
 _ De modo que para vos es un pedido construir una vida conmigo. Como una comida rápida que se pide al delivery

 _ Vamos a terminar esto acá-.Después hablamos - le contestó, girando la manija de la puerta  del auto.
 _ No va haber después. Tengo que irme a San Luis a reunirme con  un cliente por un caso muy importante del que te hable el otro día.
 _ No sabía nada.
 _ Y porque iba a molestarme en decirte, si estás pendiente de lo que pase  con Pedro.

_  Vamos a hacerlo así - le dijo una vez que Guillermo había salido del auto,  asomándose por la ventana del vehículo-.  Yo me ocupo de mi,  mientras vos seguís con tu tiempo discutiendo con Cáceres por el amor de Pedro. Y con Camila para ver quién de los dos ocupa el lugar de viudo.
 _ Esto es ridículo. No estoy para estos planteos en la calle.
 _ No es ridículo. Es evidente que su amiguito de la universidad estuvo enamorado de él y te quema la cabeza pensar que entre ellos dos pasó algo. Y tu disputa con Camila  - continuó -,  para mí ya fue suficiente.
Arranco él auto con una furia que parecía que fuera arrancar el asfalto.
Octavio había presenciado la escena cuando retrocedió el auto para estacionarse  unos pasos más atrás de la cochera de una casa.
No podía ser. ¿Cómo podía haber sabido de su cita con el fiscal? Dada la fecha, Cepeda se había decidido por darse unas vacaciones y el que deseaba hablar con él, tenía solamente ese día para notificarle sobre algún caso ya iniciado o por iniciarse. En realidad, en los pocos meses que llevaba en tribunales, poco se ocupaba de las causas y dejaba a otro incompetente para llevarlo adelante. Si no se trataba de algún fiscal que era capaz de venderse por dos centavos para archivar antes de tiempo los expedientes, colocaba a un colega que poco se interesaba por trabajar.
Se sintió afortunado al ver que Miller se había estacionado detrás de una fila de autos frente al edificio. Muy lejos de donde él había parado el auto.
 _¿Y, ya pudiste estacionar? - le preguntó Pedro. Durante los minutos del trayecto de su departamento a tribunales  tenía la mente puesta en la revista que estaba leyendo. Ante eso no podía notar los nervios que subían como sudor en la frente de su amigo, ni darse cuenta  de lo que sucedía a su alrededor.

 _ En eso estoy - respondió con simpleza.
 _ Entonces vamos - lo animó, disponiéndose a salir del auto.
 _ Esperá - lo detuvo.Había entrado en pánico sabiendo que  Guillermo podía encontrarse con él.
 _ ¿Qué pasa? Necesito hablar con el fiscal. Además me dijiste que se va tomar vacaciones, y quien sabe por cuánto tiempo.

 _ Si lo sé, pero me pareció ver un colega suyo que trabaja con él entrar al juzgado. Mejor esperamos a que salga  y luego entramos.
 Cuando vio que Guillermo había tomado camino hacia otra esquina,  asintió para que entraran de una vez allí.
A Pedro le pareció extraño su repentino cambio de opinión. Había sido muy seguro cuando le dio a entender que Cepeda podría estar ocupado, como máximo una hora. Pero en fin, tenía cosas más importantes que preocuparse que las idas y vuelta de su amigo.
 Cepeda se reclinó en su silla. Se proponía a tomar una taza de café,  cuando sintió unos golpes que venían de la puerta.

 _ Pase- indicó, dejando la taza a un costado de su carpeta. Levantó la vista cuando se encontró con las figuras de los jóvenes abogados. Le hizo gesto que se sentaran.
 _ ¿A qué debo su presencia señores?
 El fiscal acaba de mostrarse  muy amable y con una propiedad y una educación admirable con la que se había dirigido a ellos.
_ Mi colega aquí presente _ haciendo ademán de seña a su acompañante.
_ Vine para hablar con usted de la señorita Camila Moravia -lo interrumpió Pedro. Quería evitar a toda costa cualquier forma e ir directo al punto-.  Tengo entendido  - continuó - que se iba a iniciar una nueva causs contra Moravis pero por alguna razón que desconozco, me notificaron que usted decidió retractarse.  Me pregunto con que poder, cuando estamos hablando de solamente un Fiscal de la Nación. ¿No le parece que el que debe decidir eso es el procurador General ?
 De repente,  se hizo un silencio incomodo. Cepeda había tomado su contestación como un desafío que iba a directo a disparar a su orgullo.
El fiscal midió su mirada con la de Pedro, como si buscaran ambos deducir las intenciones de cada uno.
Demasiado soberbio para ser tan joven, concluyó él fiscal sin quitarle la vista de encima. Su interlocutor no se sentía intimidado. Al contrario de lo que su colega esperaba , le sostuvo su mirada sin que ningún musculo de su rostro temblara.
Pedro comprendió enseguida con clase de persona estaba tratando. Detrás de esa afabilidad con las que los recibió, se escondía un hombre perverso capaz de hacer lo que fuera con tal de conseguir sus propósitos.  Nada diferente a Miguel.  Pero no le tenía miedo y no dejaría que él fiscal fuera un obstáculo para llevar a cabo sus planes.
 _ Voy a ser  breve y claro con usted - le advirtió, rompiendo el silencio - Exijo que se reabra la causa contra la señorita Moravia.
 _ Si…? - contestó su interlocutor con sarcasmo.  
_ ¿Qué se cree que es esto? _ continuó.  ¿Un evento de caridad para los muertos?
_  Creí ser claro con usted y con Olazabal _  dijo, volviendo su mirada hacia Octavio-. ¿Qué es lo que no se entiende de emoción violenta? -  espetó, haciendo ademán de su enojo.
_ ¡No sea hipócrita conmigo! - Le replicó Octavio. Usted aceptó al final que abriremos una nueva  causa.
 _ Si acepté  fue porque me senti presionado por Olazabal - le aclaró, echándose hacia atrás y cruzando las piernas - , pero de ninguna manera voy a permitir que se de marcha atrás con la sentencia que se dio. 
_Le informo - mirando a Pedro-, que la señorita Moravia está en la cárcel con una pena de seis años, por haber actuado sin ninguna conciencia de lo que estaba haciendo. Hubo suficientes pruebas factibles para sostener los argumentos dados por su abogado y para dar la sentencia que se dictaminó.

_ ¿Y con qué razones mi colega lo presionó?  Porque si usted goza de  buena reputación, no entiendo como él fue capaz de presionarlo, quien sabe con qué motivos, - argumentó en un dejo de intención. 
Era evidente que el fiscal acaba de traicionarse así mismo con sus palabras.
 _ No tengo por qué dar explicaciones - repuso - Debería preguntarle usted a Olazabal donde aprendió a conseguir lo que quiere intimidando a las personas. Y desde ya le aclaro que no tengo nada que ocultar. - le advirtió, inclinándose sobre su escritorio.
 _ Terminemos _  Le pidió a Pedro 
_ No me importa  lo que haya dicho de la causa - Lo desafíó con un aire de soberbia-.  No comprendo sus argumentos de la sentencia.
 _ ¿Quiere leer el Código Penal? Artículo 81, inciso A…
_ Conozco perfectamente él Código Penal. En lo que atiende a las leyes es una falta total de ética a nuestro deber como profesionales que somos, que se burle la justicia como usted como  sus colegas lo han hecho. Dieron una sentencia de tal condición a una mujer que estando en uso racional de sus facultades dio muerte a su marido, disparándole a sangre fría.
 _ ¿Con que argumentos sostiene lo que acaba de decir?
 _ Con él argumento que no recabaron suficientes pruebas para dar  una sentencia correspondiente.
 _ Debería ser un poco menos sentimental y demostrar sentido común. Estamos hablando de un hombre que manchó la imagen de todo este tribunal, protagonizando semejante escándalo por haber tenido una relación, una relación…

 _ ¿Por qué no lo dice?  Una relación que tendría que haber sido condenada con todo el peso de la ley. Ser quemados en plaza pública.
 _ Pedro _ le dijo su amigo, disimuladamente en un dejo bajo. 
_ Te estás dejando llevar por tus emociones _ entrevió acercándose a su oído.
_ No soporto las injusticias.
_ Demasiado diría. Le reitero. Pedro Beggio mantuvo una relación con uno de nuestros mejores profesionales, él señor Guillermo Graziani. Y si, deberían llenarse de vergüenza el que apruebe semejante inmoralidad. Por respeto a los años que contribuyó, no se le quitó la cédula de abogado. 
_ Y para no tener problemas con el INADI , iimagino - le replico Octavio-. No se lo podía quitar el derecho a ejercer su profesión a Guillermo por su condición sexual
 _Acabemos esto _ pidió Pedro-. Va a tener que abrir la causa nuevamente. Y diríjase de ahora en más al doctor Graziani y a cualquier otro colega con respeto, sin ningún tipo de discriminación porque su forma de amar sea distinta. Estoy seguro que él es un excelente profesional y son sus actos los que hablan por él y no su condición.
 _ Usted no es quién para decirme a mí que es lo que tengo que hacer. Si le gusta defender los derechos de los homosexuales, puedo notificarle al doctor Graziani sus elogios.  Va a estar encantado, mas viniendo de un hombre.
Pedro no aceptó la provocación. Había escuchado demasiado. Sentía que la ira le hervía la sangre y estallaba en su interior  como una lava volcánica. Se abalanzó sobre el escritorio, Cepeda retrocedió en el acto de defenderse pero él ya había alcanzado a tomar su cuello. 
Octavio no podía reaccionar ante la escena que se gestaba frente a sus ojos. Estaba atónito, no pensaba que Pedro llegaría a tales extremos.
 _ Atrévase a repetir lo que dijo - le exigió, presionando mas las yemas de sus dedos. Estaba a punto de tocar la yugular cuando él rostro de ambos se torno de un color carmesí.
_ ¡Ya basta! _ exclamó Octavio tratando de separarlos.
Los apartó dejando sus figuras frente a frente con el gesto desencajado y la ropa desaliñada por la violenta afrenta.
 _ ¡Se va ya mismo! _ Le grito él fiscal, restregando su cuello con las yemas de sus dedos-,  o voy a llamar a la policía para que lo arresten por intento de asesinato.
 _¡Hágalo! - lo desafío,  sofocado en la voz - No me importan sus amenazas. No iba a matarlo - le aclaró  -Jamás me mancharía las manos con alguien tan sucio como usted.
 _ Basta_ le pidió Octavio entre dientes-. No lo provoques más o vas a complicar las cosas - le pidió tomando de la camisa.
 _ Soltame _ haciendo ademan de su pedido 
_No le voy a permitir a este tipo - señalándolo - que insulte a un colega mas.
 _ ¿Quién es usted para venir a abogar por Graziani y los demás? _ Le inquirió, acomodándose la corbata
 _ Julián  Malvarez _ contestó llevando sus manos a la cintura  _Soy él sobrino de Santiago Malvarez y en unos cuantos días,  él nuevo procurador General. Si es wue gano las elecciones. Y no tengo dudas de ello
_ Malvarez  - replicó  con sarcasmo -  Si, había escuchado hablar de usted. Sabe que tengo poder suficiente Malvarez para hacerlo desaparecer en un segundo
 _ Cuide sus palabras - le advirtió Octavio - Puede condenarse a usted mismo con lo que acaba de decir.
 _ Condenarme _ replico él fiscal, volviéndose hacia su escritorio. Abrió uno de los cajones sacando un arma que guardaba allí.
En aquel momento que Pedro vio él arma, sintió como una descarga eléctrica le hubiera recorrido el cuerpo. Su corazón parecía desbocarse dentro. Su mente se nublaba al paso que  la figura del hombre avanzaba hacia él , apuntándolo con él arma.
No era a Cepeda a quien veía sino a Camila.Un movimiento involuntario llevó su mano a la de su amigo presionando con fuerza su mano.
_ Tranquilo amigo _ le respondió él-.Si tengo que ponerme adelante tuyo para recibir la bala voy hacerlo.
 _ Dígame si ahora se atreve a desafiarme - lo intimidó, apuntándole con el arma. 
 _Usted no puede arruinarse la vida cometiendo un crimen - le contestó Pedro, tratando de calmar la situación.
Cualquiera que habría presenciado la escena  hubiera pensado que al fiscal no le habría temblado el pulso en matarlos a los dos. Pero lo que ninguno de ellos sabía era que el arma no tenía ninguna bala ni un rastro de pólvora siquiera.
Cepeda acababa de comprarla tan solo unas semanas antes para protección. Se aseguraba siempre que no hubiera dejado por descuido alguna bala,  después de cada jornada de práctica de tiro. Incluso dormía con él arma , pensando que alguien pudiera entrar y tomarla en su poder.
Apuntar con él arma al sobrino de Santiago había sido una estrategia, con el fin de domar su carácter.
 _Váyase _ le dijo el fiscal bajando él arma, viéndolo preso del pánico.
 _ Yo tampoco iba a matarlo- le informó, dibujando una perversa sonrisa en su rostro. 
_Quería verlo así, calladito y bien quieto. Para que sepa con quien se está metiendo. Vamos a ver si la próxima vez ,va a tener ganas de ponerse altanero conmigo.
 _ Me voy - cedió Pedro - Pero antes déjeme decirle que no le tengo miedo y es un lame botas  y un homosexual reprimido con aires de macho. - El fiscal enrojeció de la ira. Levanto él arma acercándose a él para darle vuelta la cara con él arma cuando una voz que venía de afuera lo detuvo.
 _ Ni se le ocurra ponerle la mano encima   
 _ Guillermo.  ¿Qué haces acá? - inquirió Octavio al verlo entrar al despacho.
 _ Esa pregunta la tendría que hacer yo. Te dejaste bien guardadita la información que se logró abrir la nueva causa contra Camila.
 _ Terminen esta conversación - Ordenó Cepeda.
 _ Si quieren seguir discutiendo se van afuera. Este despacho no es lugar para hacer escándalos.
 _ Antes, usted me va a escuchar a mi - lo interpeló Guillermo acercándose a él-. La próxima vez que vea que se atreve a levantarle la mano a este muchacho, voy hacer que se trague ese arma.
 _ No te preocupes Guillermo - le dijo Octavio. - Nosotros ya nos íbamos.
Lo que menos quería Octavio que su amigo tuviera un acercamiento con Guillermo
 _ ¿Por qué me sacaste del despacho?
_ ¿Qué es lo que querías Pedro? ¿Que ese tipo te siguiera insultando?
 _ Bajá la voz, Guillermo puede salir y escucharte. Explícame ¿Por qué le ocultaste información a Guillermo sobre Camila?
 _ Guillermo exageró todo.
 _ ¿Que yo exagero? - Le replicó Guillermo al salir del despacho.
 _ Lo que quise decir, es que te precipitaste- Le aclaró 
 _Concluiste antes de tiempo. Te lo iba a decir, pero Cepeda decidió dar marcha atrás con la causa . Solo faltaba nombrar al fiscal.

_ Ya  ya, basta! _  le contestó Guillermo
Llevo muchos años en esta profesión para que me quieras agarrar de pichicho. A otro con ese cuento querido. No quisiste que supiera nada,  porque se trata de Pedro. ¿Qué es lo que pretendías? ¿Que nos pusiéramos a pelear por él como si fuera un trofeo?
 _ ¿Eso es verdad Octavio? -le inquirió Pedro.
 _ ¿Saben qué? Piense lo que ustedes quieran. Voy al auto, te espero ahí, Julián - desistió Octavio, acentuando el alias.
 _ Discúlpalo. - se excusó Pedro volviéndose hacia Guillermo - Yo lo metí en todo esto.
 _ ¿Metiste? - preguntó Guillermo, desconcertado;
_  Digo, yo le pedí que fuéramos hablar con el fiscal por la causa. Como dentro de poco voy a ser nombrado procurador. Es lo que espero. Y me pareció correcto que viniera personalmente a exigirle que reabriera la causa. Y respecto a lo que pasó hace un momento, quiero agradecerte por defenderme.
 _ No, dejá… _  haciendo ademán con sus manos-. No me lo agradezcas. Hice lo que tenía que hacer_ agregó acercándose más a él.
Su acercamiento lo puso por demás de nervioso. Más de lo que aun podía estar por su enfrentamiento con el fiscal. Le sudaban las manos, sintiendo que todo su cuerpo temblada dentro.
Guillermo llevó su mano sobre su pelo enmarañado apartando los mechones de su frente
 _  Me tengo que ir  - retrocedió - Octavio me está esperando en él auto.
 _ Discúlpame si te puse nervioso-.  Antes que te vayas, me preguntaba si podíamos vernos algunos de estos días.
 _ Podría ser. En verdad, no lo sé. Voy a pensarlo y después te llamo.
 _ Vamos  a hacer esto. Yo te llamo y después acordamos.
 _ Está bien - accedió. 
Hubiera preferido vacilar  en su respuesta.
Por más que Guillermo no supiera quien realmente era, quería de alguna manera jugar con sus sentimientos. Tenía la suficiente frialdad para hacerlo.
Desde que había despertado del coma,  se sentía vacío, con él corazón mutilado y sin alma que pudiera darle la fuerza para seguir adelante. Solo pensaba en una cosa: vengarse de Camila y arruinar todos los planes que Miguel estuviera haciendo para lograr meterlo preso. Pero su esposa era su mayor obsesión  y  el recuerdo de su amor un bálsamo para sus pensamientos. No deseaba más que culminar esa venganza y  confesarle que estaba vivo para que pudieran irse juntos, lejos de todo ese pasado que los había devastado.
Sin embargo, no dejaba de perseguirlo la idea de que tanto él como Camila lo habían llevado a ese calvario.  A las sombras en las que ahora se encontraba y no podía salir
Era fácil poder  odiar a  Camila cuando el único sentimiento que quedaba en su interior por ella era desprecio.
Pero con Guille se hacía más difícil. No podía concebir un sentimiento tan bestial cuando el amor que sentía por su amor  lo quemaba dentro.
Pero, ¿como perdonarle todo el dolor que le había producido su desconfianza y su indiferencia  cuando más lo había necesitado?
Lo mejor era para él demostrarse serio y poco afín  para relacionarse con desconocidos y después seducirlo,  para lograr su confianza y saber que había pasado esos últimos días con él.
Al fin y al cabo ya tenía armado el esqueleto de su alter ego.
Julián Malvarez , un hombre al que poco le importaban los sentimientos de los demás. Solo poder alcanzar lo que se propusiera a costa de lo que fuera.
Su límite sería matar o estafar al que menos recursos tuviera.
Por ahora su plan de venganza estaba en marcha y no se echaría atrás. 
Sin embargo, una sombra  mucho más oscura cernía sobre todos, más de lo que él pudiera haber imaginado. 
Marcos acaba de caer en ella y estaba a kilómetros de distancia de saber quiénes se ocultaban detrás de aquel préstamo.










 


2 comentarios:

  1. Hermosa trama amiga, pobre Guillermo pero a la vez me parece justo que sufra un poco, como dices al final, siempre vi en la tira que lo que Camila dijo a Gaby era así, a Pedro la matamos los dos. Yo lo vi y lo sentí así, Guillermo se equivocó, Pedro ocupó su lugar cuando Miguel mató a Moravia, y fue Guillermo el que lo hizo huir, no lo supo cuidar, luego todo se complicó, Camila gatilló pero causal de la muerte fue su amor. Que ahora sufra un poco de el calvario que pasó Pedro me perece bien. En cuanto al resto, sos única para mantener Farsantes vivo, entre Anto y Aída, Gaby y Marcos, genial. Te quiero. Besos.

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