Capitulo 9
Un encuentro que no esperaba.
Amor mío, mi amor, amor hallado
de pronto en la ostra de la muerte.
Quiero comer contigo, estar, amar contigo,
quiero tocarte, verte.
...Lo dicen en mi cuerpo
los hilos de mi sangre acostumbrada...
Te quiero, amor, amor absurdamente,
tontamente, perdido, iluminado,
soñando rosas e inventando estrellas
y diciéndote adiós yendo a tu lado.
...desde la alfombra de ese cuarto a solas,
en las sábanas tibias de tu cuerpo...
amor mío, mi amor Jaime Sabines
Se le hacía imposible dejar de observar la foto. Cada vez que lo pensaba, no podía contener el deseo que recorría su cuerpo y que había sentido desde el primer momento que lo había visto en su galería de arte.
Para qué negarlo. Ese hombre era todo un encanto. Capaz de lograr que las defensas de una mujer desfallecieran, con solo verlo.
Leía cada línea de su rostro sin perder detalle: Sus ojos eran pequeños y expresivos, sombreados, de matices oscuros y de dilatadas pupilas.
Sus dedos lo recorrían delineando la forma de su nariz que caía en punta hacia abajo. Sus manos se detienen, surcando cada línea de sus finos y delicados labios.
_ ¿Por qué miras tanto esa foto? _ inquirió Marcos extrañado por su comportamiento.
No había prestado atención a sus palabras, cuando se levantó dirigiendo sus pasos hacia una pequeña mesa, que se encontraba a unos pasos de la cama.
_ ¿Hace cuánto que Santiago y tu se conocen? _ inquirió esta vez ella, levantando una copa de vino blanco que había dejado en la mesa segundos antes.
Se volvió hacia el lecho, cubriéndose con una bata de seda rosa el Babydoll que cubría su sensual y esbelta figura. Esperaba aún su respuesta, cuando él le dijo:
_ Te conozco _ le respondió en señal de advertencia-. Se perfectamente que cuando andás con esas preguntitas, es porque estás tramando algo.
_ Oigo un tonito bastante celoso de tu boca _ le contestó, subiendo seductoramente su rodilla.
_ Si pretendés seducirme, ya te digo que no va a salir nada de mi boca - se aventuró, incorporándose furioso.
_ ¿Por qué pensás que quiero seducirte? - le inquirió, levantándose de la cama nuevamente- ! Por favor Marcos ! - repuso-. No seas ridículo. Si hubiera querido hacerlo, lo hubiera hecho cuando nos conocimos y no hizo falta.
¿A vos te parece que preguntar de tu amistad con Santiago es motivo para ponerse celoso? Y no me lo niegues _ le advirtió, levantando su dedo índice.
_ No me vengas a querer ver la cara de estúpido _ le replicó, colocándose la camisa. _No soy uno de esos amantes tuyos que ya tuviste. Hace un momento te vi viendo la foto de un tipo como una adolescente.
_ Ya lo decía, estás celoso. Te recuerdo que nuestra relación es solo sexo. Yo no te di terreno para que me hagas reclamos. Vos y yo- lo señaló-, solo somos amantes. Nada más-. No puedo creer que te hayas puesto tan celoso por una foto.
_ Decíselo a un tipo que tenga mejor atractivo que yo
_ ¿Es eso no? _ inquirió ella, unos segundos después. _No te creía un hombre con tantos complejos. Vos y yo nos movemos en los mismos círculos, conocemos nuestras amistades. Sabés perfectamente que la mayor parte de mis amigas estuvieron con vos sin importarle tu físico.
_ O por la guita- Lagrapoulos.
_ Ven _ le dijo Marina, haciendo ademán-. Necesito decirte algo.
_ Si se trata de ese imbécil, ya te digo que no quiero escuchar. Después de que ese hijo de puta se acostó con mi mujer.
_ ¡No seas hipócrita!; vos hiciste lo mismo con su esposa. En todo caso él te devolvió la cuchara de tu propia medicina.
_ Anda al punto- le respondió, cediendo mientras se sentaba en el sofá
_ Su sobrino está al tanto de tu deuda- le comentó, jugando con la tira de su bata-. Quería que lo contactara con vos para ver cómo podía ayudarte para que no pierdas el estudio.
_ ¿Y de dónde va a sacar plata el sobrino, si su tío no tiene donde caerse muerto?
_ En eso te equivocas- repuso, incorporándose. Se acercó a unos pasos de él. _Julián tiene un buen pasar económico
Al menos fue lo que el me dijo y puede que sea verdad.
_ ¿Y por qué tanto interés en mi estudio? Te advierto que no va obtener un peso. Yo no pago favor con favor.
_ Lo estás juzgando sin conocerlo. Lo vi muy preocupado por tu situación.
_ ¿Preocupado? Si ni siquiera me conoce - Le respondió, levantándose enérgico-. Antes tendría que hablar con Guillermo; él todavía no sabe que hipotequé el estudio
_ Graziani te va a matar _ le contestó, riendo.
_ Esto no es gracioso. Dame la dirección del tipo o el teléfono.
_ No lo tengo. Me citó en un bar pero no sée ocurrió pedirle el número.
Tendrías que preguntarle a Santiago. Ustedes trabajan juntos- acotó-. Julián es muy celoso de su vida privada. Es un misterio.Tuve que hablar con Santiago, pero no pude sacarle nada de información-. Cosa que me pareció importante, porque no quería que te arriesgues con alguien sin conocerlo.
_ ¿No era yo el que lo estaba juzgando sin conocerlo?
_ Vamos de nuevo con tus celos.
Mira _ le dijo, volviéndose hacia la cama-. Acá tenés la foto de la discordia- le contestó con sarcasmo, alcanzándole la foto. Se la robe de la billetera cuando fue al baño.
_ ¿Para qué mierda quiero una foto del tipo?- contesto retóricamente.
_ Para que puedas reconocerlo cuando hables con él. Ya te dije, es reservado. Yo creo que si te citas con él para tratar lo de la deuda, va querer que sea en un lugar público. No va aceptar que sea en tu estudio ni que se reúnan en su casa. Desconfía demasiado de las personas.
_ ¡Qué mierda! _ expresó Lagrapoulos, arrojando la foto sobre el piso. Su rostro se tornó de un color pálido como un manto blanco. Por un momento sintió que le hubieran arrancado el alma, del pánico que se apoderó de su cuerpo en un segundo.
_ ¿Qué te pasó? ¿Por qué te pusiste así por una foto? - le reprochó, inclinándose para tomarla.
_ ¿Dónde sacaste esa foto? ¿De dónde conocés a ese pibe ?
_ Una cosa a la vez-. Apenas hablamos ayer. No sé nada de el, te lo juro ¿Por qué ponerte así?. No lo entiendo.
_ No puede ser... - musitó-. No puede ser…
_ ¿ Que te pasa Marcos?
_ Es muy parecido... Es increíble el parecido.
_ ¿A quién?
_ A nadie, es imposible. Está muerto- le respondió fluidamente.
_ ¿Quién?- Le inquirió levantando la voz, viéndolo irse.
Cruzó el pasillo y bajó por las escaleras. Había llegado hasta el último peldaño, cuando el corazón comenzó a palpitarle dentro por la impresión que le había causado ver esa foto.
Trató de evadir la idea que había cruzado por su mente. No podía tratarse de la misma persona. “Tenía el pelo más largo, cayendo debajo de la nuca pero abundante y esponjado como solía crecerle a Pedro hacia arriba de la frente. El mentón y las mejillas limpias, libres del cualquier vestigio que cubriera las líneas finales de su rostro. "Yo estuve en ese entierro. El primero y más puntual que había llegado fui yo”
¿Acaso Gabriela o Alberto, los únicos que estuvieron con él ese día, se habían percatado de algún detalle que él no alcanzó a captar? ¿Marini había mentido? Claro que no podía negar que el cadáver había sido velado con el ataúd cerrado.
“¿Y por qué cerrado?”
De repente toda la dureza que había llevado puesta siempre, se rompió, haciéndose trizas en su alma y una lágrima resbaló por debajo de la línea que enmarcaba sus ojos.
Marina lo observó desconcertada cuando bajó. Jamás lo había visto así, tan desarmado.
_ Marcos.
_ ¿Que querés? Yo ya me iba- le aclaró, rápidamente- Isabel piensa que estoy en el estudio...
_ No me des explicaciones- ¿Puedo saber que te pasó arriba?
_ Nada.
_ ¿Nada? _ le replicó-. Vos no te pondrías así por nada. ¿No que Lagrapoulos no se conmovía por nada?
_ En eso nos parecemos con Guillermo. Por eso pudimos poner la firma. Para los negocios hay que ser frío.
_ Yo quiero saber porque estás así.
_ El pibe de la foto.
_ ¿Lo conocías?
_ El parecido. Es muy parecido a un colega.
_ ¿Solo colega o un amigo?- le inquirió.
Hubo una pausa.
_ ¿Es ese chico? Lo encontraste parecido a ese joven que murió. El que trabajaba con ustedes y murió de una forma tragica
_ ¿Vos que sabés?
_ Por Santiago lo sé. Él la defendió a su ex esposa. Tengo entendido que ella… le quitó la vida.
Volvieron hacer una pausa.
_Ahora entiendo la causa… ¿por qué esos ojitos estában tan tristes?- reflexionó por lo bajo al pensar en Guillermo.
_ Yo no estoy triste, y no tenés porque ser tan explícita con algo que ya se.
_ No, no. No me refería a vos. Por Graziani te lo digo. Lo noté cuando fue a mi evento ¿Te acordás? Si hubiera sabido que Julián era tan parecido a ese muchachito no te habría dado la foto. Comprendo que hasta la mínima simpleza trae recuerdos, por más que uno trate de borrarlos.
_ Eso déjaselo para Guillermo.
_ No tenés que hacerte el duro conmigo. Acabás de quebrarte.
_ A mí no me duele _ insistió-. Y lo de la deuda puedo solucionarlo solo.
_ Pensalo Marcos. La intención de Julián es buena. De verdad quiere ayudarte y está en juego la vida de tu familia. Esos tipos son peligrosos.
_ Lo voy a pensar. Las decisiones las tomo yo. Esto lo puedo solucionar solo.
Al otro día, Pedro prefirió no pensar en la conversación que tuvo con Guillermo la noche anterior. Se contradecía todo el tiempo de una emoción a otra. No sabía si hacerlo parte de su venganza, aprovechándose de sus sentimientos, sabiendo ahora que se daba cuenta que se estaba enamorando de Julián.
Tal vez Lisandro tenía razón cuando se lo dijo. Edmond terminó por destruirse y perdió al único y gran amor de su vida; Pero Edmond Dantes era solo un personaje y él era solo un mortal. Se sentía un hombre deshecho, que lo único que podía era tomar la justicia entre sus manos o nadie lo haría por él.
“Si tan solo pudiera saber lo que sucedió esos últimos días. Siento que algo extraño pasó y nadie se atreve a decirlo.”
Marcos se lo hubiera dicho. Él era muy frio para tratar ciertos temas, mucho más los sentimentales, aun si se trataba de un amigo. ¡Como le hacía falta ahora esa falta de tacto para sacarle de mentira a verdad! Y precisamente iba en camino a reunirse con Lagrapoulos pero por diferentes motivos, que claramente conocían.

“Debía tomar una decisión crucial. Decidí en ese momento desechar para siempre toda mi venganza. Continuaría con la causa de Camila.
No sabía que me depararía el destino. Mi corazón era la incertidumbre que mas pesaba sobre mí.”
Llegó a la puerta. Después de dos toques, una joven de unos treinta años, de mediana estatura y cuerpo esbelto lo recibió. Tenía el pelo negro que le cubría hasta la última línea de su cuello. Las líneas de su rostro eran finas y delicadas, parecía representar la belleza clásica de las actrices de los años cincuenta.
“Negro azabache y labios cubierto de rouge, tan perfectamente pintados” repasó en su mente. Ella solo lo mirab,a esperando que dijera la causa por la que estaba allí. El tiempo parecía haberse suspendido. No había caído en la cuenta hasta que la reconoció: “¡Por Dios, es Sonia! No puedo dejar que me reconozca. Me estoy arriesgando demasiado. ¿Pero, que estoy pensando? Si para todos estoy muerto"
Cubierto en unas gafas oscuras sería difícil que entrara una idea descabellada que el pudiera estar vivo
_ ¿Y lindo? ¿No me vas a decir que necesitás?
“Por su pregunta es claro que no me ha reconocido”
_ No me digas, ya se. Vos - señalándolo-, sos un nuevo abogado que se integra al estudio.
Se inclinó sobre la puerta en una actitud seductora.
_ No linda. Necesitaba hablar con Marcos Lagrapoulos por un negocio.
_ Mira, Marcos no está. Pero si querés poder esperarlo acá. Discúlpame que no te atienda- se excusó al entrar, mientras él seguía sus pasos-, pero voy apurada a la facultad- continuó-. Hoy tengo examen- completó, llegando a la puerta
_ No, no importa. Yo me quedo a esperarlo.
“Respiré al encontrarme en el estudio. Como si todo ese tiempo me hubiera estado ahogando. Pero aun me sentía en el infierno, arrastrado por el dolor y el vacío en el que me encontraba. Sin nada.”
Avanzó unos pasos más y se detuvo allí. Frente al único lugar donde podía encontrase con él mismo. Tal vez porque uno siempre vuelve a los lugares que un día pertenecimos cuando todas las historias se terminan y solo queda una.
“Por vos mi amor, mi única fuerza. Por vos puedo dejar el pasado atrás y seguir adelante."
Tal vez por distracción o el apuro, acompañado de los nervios de su primer examen, Sonia no se percató de decirle que no se encontraría solo allí.
Difícil que se diera cuenta. El estudio se abrigaba de una calma imperturbable y un silencio sepulcral que por un efímero segundo le devolvía la calma, que unas horas antes esa falta de ella, lo había torturado.
Se sentó en el sofá con el rostro cabizbajo y las manos enterradas sobre su pelo.
Se había vuelto una costumbre, una maldita costumbre para sí mismo atormentarse con los recuerdos del pasado y su presente plagado de incertidumbres.
Llevó la mano a su rostro, cuando sintió que el silencio se quebraba. El sonido de unos pasos que venían de fuera del despacho lo sobresaltó. Resultaba ilógico para él sentirse así. Después de todo se trataba de su lugar. De su espacio en el mundo y se sentía como un extraño, como si fuera un ladrón que hubiera entrado a tomar lo que no le pertenecía.
Guillermo terminó de cerciorarse del cuidado de sus plantas. En los meses de ausencia, ninguno se había preocupado de cuidarlas. La mayoría se había deshecho. Pensó que sería mejor llevarlas a su casa, pues no volvería al estudio. Hacerle sus reclamos de sus descuidos a Marcos y a Gaby lo haría después.
Ahora lo que le importaba y le preocupaba era la urgencia con la que Marcos tenía por hablar con él. Su llamado lo había dejado lleno de dudas. Se notaba nervioso y su voz le temblaba. En todos esos años, su mejor amigo siempre se había mostrado fuerte ante cualquier situación.
Entró al estudio, cuando percató que la puerta de su despacho estaba entre abierta. Seguramente Sonia la había dejado abierta al irse
Sin embargo, ese simple detalle no dejaba de causarle molestia. Era evidente para él que sin su presencia el estudio se volvió un caos y cada uno hacia lo que quería. Todo menos responsabilidad. Había llegado a la conclusión que tendría que buscar a alguien para que pusiera autoridad cuando se fuera definitivamente de allí. Marcos no era el indicado y, por ende, estaba actuando los últimos días muy extraño y el encuentro con su amante de turno en el baño, era la gota que había rebalsado el vaso.
La idea de buscar a alguien para que lo reemplazara le parecía perversamente divertido. Tenía que darle un escarmiento a sus socios. Solo así sentarían cabeza y aprenderían el sentido de la responsabilidad.
Entró al despacho, sin imaginar que él podía estar allí. En ese instante cada fibra de su cuerpo se volvió inmutable y un sin fin de emociones inexplicables le recorrieron la piel. Todo su ser temblaba y por primera vez las palabras se lo ahogaban, sin saber que decir. Sentía que su corazón se desbocaba y latía con fuerza. Lo veía y sentía que Pedro estaba allí. Deseaba transformar ese momento inerte y que el mundo dejara de existir para siempre.
Pedro levantó la vista, cuando lo vio acercarse, temblando y le dijo:
_ Yo ya me iba- se apresuró, intentando levantarse.
_ No, quédate. Yo pensé que me encontraba solo acá. Esperaba hablar con Marcos pero veo que él no regresó y no creo que lo haga.
_ ¿Vos también? Yo esperaba hablar con tu socio, pero de verdad creo que es mejor que me vaya.
_ No- le respondió en un dejo de suplica. Se acercó más a Pedro y abrazó sus manos inclinándose frente a él. Cerró sus ojos y se dejó llevar, como si sus caricias disiparan toda su angustia. Sintió que sus manos tibias lo recorrían hasta detenerse en cada línea de su rostro. Aunaron sus miradas y sintió que su voz le hablaba a sus labios “No voy a dejar que te vayas. No otra vez.”
_ ¿Qué? - le inquirió, disimulando.
_ Discúlpame- se excusó, reaccionando. En ese momento que la realidad lo tocó no supo que decir. Quería salir de allí. Se sentía avergonzado y al mismo tiempo una herida lacerante se agolpó en su interior. La decepción había sido devastadora. Comprobar que era él y no Pedro era insoportable. Por más que comenzaba a sentir que un sentimiento fuerte que no podía explicar y que lo atravesaba por Julián, le era imposible controlarlo. Se sentía atrapado entre el pasado y el presente.
_ Por un momento... pensé- continuó, arrastrando sus palabras-. No tiene importancia.
_ Hay alguien más? - le inquirió nuevamente-. ¿ Es por alguien más por qué me evadiste el otro día en mí casa?
Tardó unos segundo en dar su respuesta y luego le contestó, incorporándose.
_ Sí y no. Estoy con alguien. Comprometido, pero no lo amo. Estoy con él por agradecimiento. Por lo que hizo todo este tiempo por mí.
No esperaba que su respuesta fuera esa, pero en su fuero interno lo sabía. Sabía que había alguien rondando entre las sombras. Ahora entendía las idas y vueltas que Beto le hacía cada vez que él le preguntaba. Pensó que sus palabras lo aliviarían del peso de no saber qué había pasado con Guillermo en todo ese año.Pero aun sentía que había algo más y que seguían ocultándoselo.
_ ¿Y qué hizo por vos? - le cuestionó quedándose muy cerca de su hombre. Pero su pregunta era más bien una orden que una curiosidad de querer saber sobre él.
_ A eso me refería- le aclaró, apartándose-. Estoy con alguien, pero mis sentimientos... están con otra persona.
_ No me contestaste lo que te pregunté. ¿Qué hizo ese tipo por vos, que tanto crees que le debés algo?
_ Él me ayudó con una causa. Me ayudó con la acusación de alguien… que yo amé hace mucho tiempo. Alguien a quien ame mucho con toda mí alma - añadió en un dejo de palabras ahogadas-. Yo no quiero hablar de esto.
_ Es esa persona que decís…
_ Él... murió y no quiero hablar.
_ No te preocupes. Ya sé quién es. Mi tío me tuvo al tanto. Por eso me encontraste el otro día en la oficina del fiscal. Quiero hacer algo por el, por su memoria.
_ Para mí es un capítulo cerrado.
_ ¿Cómo podés estar con una persona cuando seguís enamorado de otro?
_ José es una buena persona.
_ Ese es su nombre- le respondió en un tono de sarcasmo-. ¿Era él fiscal en que tanto confiabas?
_ ¿Vos que sabés?
_ Nada. Yo no sé nada. Yo solo soy un desconocido-. ¿No fue eso lo que me dijiste?
Se volvió hacia el sofá. Guillermo siguió sus pasos. Abrazó sus manos nuevamente entre las suyas. Se daba cuenta que lo había herido. Lo comprobaba en sus ojos y de nuevo sus sentimientos se confundían cuando vio el mismo rastro de tristeza en sus ojos. La misma mirada de Pedro, ahogada por el dolor.
No comprendía porque le había afectado tanto su respuesta. Si ni siquiera lo conocía; Salvo por ese extraño encuentro que había sucedido entre los dos.
Le parecía que el destino hubiera tejido ese encuentro. Desde la primera mirada al último rose de sus labios. Cuando él más trataba de evitarlo, el capricho del destino los hacía encontrarse de nuevo. Tal vez nada pasaba por nada.
Después de pasado un año, pensó que su destino estaba escrito. Que no quedaba más que la resignación de aceptar una existencia vacía y sin ninguna esperanza al lado de Miller. Hasta que apareció Marina y le insistió que fuera a su exposición de arte y se encontraron. Llegó a su vida de imprevisto cuando había llegado al convencimiento que el amor era solo un maldito sueño. Absurdo e innecesario.
Se sentía aterrado y lo reconocía en su fuero interno. Caer en la aceptación que comenzaba a amar de nuevo. Una fuerza que lo paralizaba se agolpaba en su interior y lo detenía, para expresarle todo lo que en ese momento deseaba decirle y no se atrevía. No era el miedo de reconocer que se estaba enamorando de Julián y lo que implicaba dejar un amor atrás ni la herida que le había causado la muerte de Pedro, porque en el momento que lo había conocido a él todo el dolor se había disipado. Sino el temor a perderlo. Que alguna situación lo encontrara y el destino nuevamente le arrancara a la persona amada.
El peligro aun acechaba. La obsesión de su hermanastro por él, no conocía límites. No podía decir a nadie que había vuelto amar. Tal vez lo mejor era mantener en secreto sus sentimientos. Pero, ¿por cuánto tiempo podría mantenerse en silencio? Si a cada momento que se encontraba con el no podía evitar el deseo de querer besarlo. No quería cometer el mismo error. Dejar que sus miedos lo dominaran y que el deber que la sociedad demandaba sobre qué era lo correcto, le dictaminara las decisiones de su vida. Tenía que vivir ese amor sin importarle las consecuencias.
_ Será mejor que te vayas con tu novio. No tenés porque quedarte acá conmigo. Puedo esperar a tu socio solo. Supongo que lo que necesitabas decirle vos puede esperar.
_ No me voy a ir- le respondió con firmeza, Guillermo. No estaba dispuesto a ceder a sus celos. Si algo que le molestaba era que marcaran territorio en su vida personal.
_ Quiero que me escuches- continuó, cubriendo con fuerza sus manos.
_No. Si estás con otra persona, seguramente ahora debe estar preguntándose a dónde estás.
_ Si querés mostrarte casual para ocultar tu tonito de celos, ya te digo que sos un pésimo actor. En primer lugar, José no está acá en Buenos Aires.
_ Eso lo decís, para convencerme que entre a tu juego, y no lo vas a conseguir.
_ No te miento. El día que nos encontramos en el juzgado, él me había llevado y me comunicó que iba a irse a San Luis.
Por lo menos por unas semanas no voy a verlo. Respecto al jueguito, creo recordarte que fuiste vos quien me confesó que te gusta utilizar a los hombres como pasatiempo.
_ Sí, yo te confesé eso - arrastró sus palabras en un dejo de angustia-. Pero con vos es diferente. Vos me importas más de lo que podés imaginarte.
_ Lo sé. Lo sé, mi amor.
Se volvió hacia su escritorio y tomó una silla para acercarla hacia donde estaban los dos. Se incorporó de nuevo frente a él y tomó sus manos aferrándose con fuerza a las suyas. Sabía lo que le diría no sería fácil. En un año había tratado de evitar tocar el tema y no nombrar a Pedro, como la única forma que encontraba para continuar su camino sin arrastrar el dolor que lo acompañaba desde hacía un año.
_ Necesito hablarte de una situación que yo te mencioné hace unos minutos.
_Se trata de Pedro- le respondió él, rápidamente, sabiendo a donde Guillermo se avecinaba-. No tenés que hablarme de él sino querés. Ya continuaste con tu vida; Para que mencionarlo.
_ Yo necesito hablarlo. He tratado todo este tiempo hacer de cuenta que Pedro no está presente, pero si lo está.
_ No entiendo que me estás diciendo- le contestó, fingiendo disentimiento. Tragó saliva y sintió que una corriente de nerviosismo comenzaba a sudarle en el cuerpo. Temía que él se diera cuenta quien era realmente.
_ Lo que quiero decirte, es que se que la vida continua su curso. Pero no puedo seguir, sino hablo de lo que me pasó con toda esa situación. Solo voy a ir directo al punto.
Él significo mucho, fue una persona muy importante para mí. Yo pensé que nunca iba a volver a sentir un amor tan profundo como el que sentí por Pedro…
_ ¿Amaste antes?
_ Sí, pero no cabía la importancia que él tenía para mí. Sé que él siempre va a estar en algún lugar. Sé que él está bien. Lo soñé, lo sueño y lo siento así. No es que tenga miedo a enamorarme de nuevo, solo que es muy devastador despertarte un día y que todo lo que esperaste concretar, se destruya en un segundo. Mi miedo no es amar de nuevo. Mi miedo es amarte y perderte como lo perdí a él.
_ Que me ames, implica que lo borres a él de tu vida.
_ No, al contrario. Yo siento que su recuerdo, que su amor me dio fuerzas para que pudiera seguir, por eso estoy acá diciéndote esto. Pensé que para continuar tenía que aceptar estar en una relación sin desearlo, porque creía que era la única esperanza que tenía. Terminé pensando que debía seguir los consejos de mi hijo y de Gabriela que es mi socia. Yo no esperaba que fuera a sentir esto que hoy siento por vos.
_ ¿Por qué esto ahora? ¿Por qué decirme esto a mí y no a él, si tanto decís que lo amabas?
_ ¿Por qué te preocupan tanto los sentimientos que tuve por él?
_Solo contéstame lo que pregunté. Quiero saber porque no fuiste sincero con él y porque conmigo lo estás siendo.
_ Su muerte me cambió en muchas formas y las cosas nunca fueron fáciles. Él estaba casado e inseguro con sus sentimientos. Lo que menos quería era confundirlo y lastimar a nadie. Estaba Camila y mi hijo de por medio.
Yo nunca pensé que iba a poder hablar abiertamente de mis sentimientos con alguien y fue el dolor el que me llevó a ser sincero con lo que me estaba pasando.
Lo que me llama la atención, es que pienses en Pedro.
_ ¿Te molesta?
_ No, solo que esperaba que sintieras celos por su memoria. José siempre se sintió inseguro y creo que fue eso lo que se me hizo imposible construir un vínculo con él.
_ ¿A qué te réferis con inseguro? Si Pedro ya no está, porque tendría que sentirse inseguro.
_ Nada. Solo que él está convencido que mi relación con Pedro me hizo daño por todo lo que sucedió y principalmente, por la presencia de Camila en su vida. Que Pedro... tenía que lidiar con una persona enferma... y él no. Por eso te digo que se siente muy inseguro. Compara su vida con la de Pedro; Y para mí eso es irracional.
Pedro siguió sin perder ninguna palabra que él le decía. No concebía lo que acababa de oír. ¿Cómo se atrevía? - espetó para sus adentros con rabia. Si nunca lo había conocido, ¿que podía ese tipo saber de su relación con Guillermo y su matrimonio con Camila? Solo él sabía lo que había sufrido por tomar una decisión que no la lastimara. Deseaba reprocharle en ese momento, porque le había dado terreno para darse un derecho que no tenía. Hablar de él de esa manera sin ningún conocimiento de su persona.
Sus pensamientos le daban vueltas en su mente. No entendía como una persona se tomaba tales atrevimientos.
Debía contenerse o quedaría al descubierto ante Guillermo. No se sentía listo para decirle que estaba vivo. Pero tampoco podía quedarse de brazos cruzados.
Nadie le quitaría la idea que acababa de tener su mente. Necesitaba con desesperación conocer a ese fiscal. No solamente tenerlo frente a frente. Necesitaba saber quien realmente era Miller. No sabía si estaba llevándose por sus celos o era percepción. Pero esa sombra que lo había acompañado durante días y que ahora cobraba nombre propio, sentía que ocultaba a alguien más que Guillermo desconocía.
_ Voy a irme - le contestó, incorporándose.
_ Te molestó lo que te dije.
_En parte. Solo déjame decirte que si vas estar conmigo, yo no quiero intervenir en tu pasado.
Yo respeto lo que Pedro significó para vos.
_ Lo que dijo José no debería molestarle a nadie. Él esta inseguro. No sabe qué hacer con la situación. La culpa es mía. Yo le di ilusiones que jamás iba a poder realizar. Yo no estaba listo para comenzar una relación de nuevo hasta que te conocí.
_ Él no tenía derecho hablarte así de él.
_ ¿Por qué te molesta tanto?
En ese instante no supo que decirle. Debía tomar una tabla de salvación o se daría cuenta. No era él lugar ni él tiempo para hablar con su verdad. No quería lastimarlo.No se le ocurrió mejor manera que aferrarse al único sentimiento que les provoco su separación: la muerte.
_ Porque yo sé lo que es perder a alguien. Como si todo tu cuerpo sangrara por dentro. Que esa herida no te deje en paz día y noche.
_ ¿De qué hablás? - Le inquirió, frunciendo el ceño, cruzándose de brazos.
_ Yo también tuve un gran amor en mi vida.
_ ¿Y qué pasó?
_ También lo perdí, como lo perdiste a él. Él también se fue. Por eso no entiendo como dejaste que alguien tuviera ese coraje de decirte que hacer con su recuerdo
_ José nunca quiso convencerme que me olvidara de Pedro. Ya te lo aclaré. Él solo está inseguro. No sabe qué hacer. Yo lo puse en esa posición incómoda.
Si pasaste por lo mismo que yo pasé, te darás cuenta que no es fácil para nosotros volver a darnos la oportunidad de amar de nuevo, con toda la presión encima de uno.
Se sintió desfallecer. Acababa de traicionar su confianza una vez más al mentirle. No tenía la seguridad de porque lo había hecho realmente. Quería mostrarse fuerte ante las palabras que Miller había disparado a su razón.
Lo peor había sido para él escuchar de labios del hombre que amaba, su defensa a ese hombre tan desconocido para él.
Se imaginaba su rostro. ¿Sería tan atractivo como a Guillermo le gustaban?
¿Que pensaba? ¿Acaso era mucho más inteligente que pudiera estar a la altura del hombre que amaba? Lo que único que podía darle respuestas era que ese hombre había dado vuelta toda su vida. Por más que trataran de engañarlo todo era evidente para él.
Ahí estaban los dos como dos seres extraños, como si nunca se hubieran conocido antes. Pedro podía sentir el clímax de tensión que había en ese momento. Pero no era la misma sensación que siempre había entre ellos, sino mas bien la carga que le estaba abrumando y la percepción de cargar con el peso por haberle mentido.
_ Es mejor que me vaya. No tiene sentido estar acá.
Se adelantó antes que él tomara el camino hacia la puerta. Alcanzó a detener sus pasos. Tomó su rostro entre sus manos y le hizo saber que no dejaría que se fuera de su lado, porque aunque él intentara escaparse, el amor lo había atrapado. Estaban condenados a amarse una vida entera.
_ No hagas esto- le suplicó a Pedro con la mirada enjugada por las lágrimas- Ya es tarde para vos y para mí.
_Yo no sé porque vos y yo tuvimos que perder al hombre que amamos, pero si algo se, es que no quiero perderme el milagro de poder estar vivo. No quiero perderte.
_ ¿ Y que va a pasar con José? Vos elegiste rehacer tu vida con ese… con ese hombre.
_ No. Él no me importa. No de la manera que vos pensás. Ya te lo había aclarado.Voy a encontrar el momento de decirle la verdad cuando vuelva, pero ahora déjame amarte. Quiero empezar una nueva vida con vos.
_ No puedo.
_ Ya- lo acalló, sellando sus dedos entre sus labios y lo besó sin de dejar de hablarle-. Ya, ya mi amor - continuó diciéndole entre besos.
Los besos se aunaban tímidos hasta volverse apasionados. Trataban de suspender el momento. Detener el frenesí que comenzaba a recorrer sus cuerpos, como si sus manos se recorrieran sin tocarse, rozándose sin ningún pudor ni limite.
No contuvieron el deseo. Guillermo lo recostó sobre el escritorio y sin dejar de besarlo desprendió su camisa. Las manos jugaban. Se deslizaban por su entrepierna de arriba hacia abajo, ahogando su respiración.
Pedro lo detuvo. Apenas podían respirar por el momento vivido, tanto como lo había imaginado. Guillermo se inclinó hacia atrás, incorporándose, para que pudiera hacer lo mismo.
_ Lo siento, fui muy rápido.
_ No te culpes- le repuso, abrochando su camisa.
_ No. No es lo que quiero para vos. No es lo que quiero darte. Quiero que cuando esto pase, sea un momento especial para vos. No en un lugar así.
_ ¿Es lo que hubieras deseado para Pedro?
_ No entiendo porque me lo preguntás, pero si. Si deseaba lo mismo para él, como hoy lo deseo para vos. Cuando yo lo amé, no fue donde hubiera querido. No en las circunstancias que pasaron.
_ Yo lo siento. Pero necesito tiempo.
_ No quiero esperar, pero entiendo.
_ Solo dame un día para pensar esto que nos pasó acá. En unos días voy a poder responderte.
_ Voy a esperar.
Se despidió de Guillermo con un beso y lo vio irse, lleno de esperanza de que su respuesta fuera la que él esperaba.
Llegó a su departamento y una llamada en la contestadora lo esperaba desde hacía una hora. Decidió no contestar. No aun.
Eran los primeros días de Octubre y traía consigo el calor sofocante. El ambiente era asfixiante y lo agobiaba. Necesitaba relajarse y no pensar en nada. Lo que acabó por decirle a Guillermo había sido solo una excusa para no acuciar los intentos que emergían de nuevo en él.
Abrió la puerta balcón para dejar que una bocanada de aire entrara al interior de la sala. La vista era perfecta. Una luna destellante cubría toda la ciudad y desde allí arriba, podía observar la vista de los bosques de un Palermo Viejo que despertaba a la noche en perfecta armonía.
Fue hacia su cuarto, se quitó la ropa del día y se vistió, simplemente, con un short de verano que lo cubría hasta las rodillas y unas ojotas. Por fin respiraba esa apacible brisa que le recorría el cuerpo.
Se miró en el espejo para acomodarse el pelo desaliñado, cuando observó las líneas de su cuerpo. Las cicatrices de las heridas ya casi ni se notaban. Comenzó a acariciarse con lentitud armoniosa. Dejó que sus dedos lo recorrieran. Cerró sus ojos e imaginó tratando evocar el momento vivido, tan solo minutos antes. Imaginaba que eran sus manos y no las de él, las que viajaban por toda su piel. Se dejó recorrer a sí mismo sin límite, surcando, hasta llegar a los límites prohibidos que sus dedos invitaban y él cedía, dejándose llevar a esa intimidad que le pertenecía.
La respiración ahogaba los gemidos, provocados por el placer propio. Evocaba el recuerdo de esa noche primera, como si en ese momento pudiera sentir el peso de sus manos viajando en él. Adentrándose salvaje e intempestivamente hacia donde nunca imaginaron. Viajó un poco más atrevido y lascivamente, sus manos recorrieron su cuerpo e imaginó que era su boca y no sus dedos los que besaban. Abrió sus ojos y su cuerpo temblaba.
Caminó hacia el patio que daba a la terraza y no dejaba de pensarlo. Quería que estuviera ahí con él. Que lo viera como estaba: con la piel descubierta para que ardiera de deseo de hacerlo suyo. Dejó que el aire absorbiera su cuerpo, abrazándose a la armonía lleno de esperanza.
El sonido del contestador resonó, arrancándolo del letargo. Era Sebastián. Después de unas semanas trataba de comunicarse con él. Esta vez se resolvió a escucharlo. El traspaso de la propiedad estaba listo y Sebastián había dejado una nueva suma de dinero en el banco a nombre de su madre, como habían acordado, para disimular el envío. Por la cantidad que había dejado le alcanzaría para un año. Si tanta cantidad de dinero, supuestamente invertida por Pedro un año antes de su muerte levantaba sospechas, ya verían como justificarla.
Dormir se le hizo un calvario, seguía pensando en Guillermo aun al despertarse. Aunque el momento erótico había pasado, no dejaba de desearlo y de imaginarlo en su ser. Daba vuelta en las sabanas irritado, molesto, como si su cuerpo le reclamara. No soportaba más su ausencia. No tenerlo a su lado. No podía sostener una noche más sin él. Deseaba amanecer en sus brazos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario